El país debe trabajar junto a otros de su talla dentro y fuera de la UE para encontrar una manera de convivir con los EE UU de Trump

El antiguo orden mundial ha muerto, y las potencias medianas tienen que encontrar nuevas formas de sobrevivir en un mundo en el que las grandes potencias van a actuar según les plazca. El primer ministro canadiense, Mark Carney, dibujó esta nueva realidad en su discurso en el Foro de Davos. Una realidad que afecta de lleno a España como potencia mediana con intereses a escala mundial que es.

España cuenta con una importante baza para navegar el nuevo orden mundial: su pertenencia a la Unión Europea, una de las tres mayores economías del mundo. Así pues, España ha de redoblar sus esfuerzos para ejercer su influencia sobre la política de la Unión. De esta forma, Madrid puede promover a escala global sus principales prioridades en política exterior, como pueden ser la lucha contra el cambio climático o la defensa del multilateralismo. En este sentido, la UE va a seguir siendo un eje vertebrador fundamental de la política exterior española.

No obstante, el nuevo marco internacional obliga a España a reforzar la cooperación con sus socios estratégicos de manera más proactiva, toda vez que las Naciones Unidas, la Organización Mundial del Comercio y otros organismos internacionales ya no pueden sostener el derecho internacional y las reglas del juego en las que se sustentaban las relaciones internacionales hasta hace poco tiempo. España cuenta con una red de socios y partenariados en regiones clave como América Latina, el norte de África, Oriente Próximo y Asia. Promover los lazos con socios preferentes ayudará a reforzar la seguridad económica y la influencia política española gracias a la diversificación de sus relaciones.