Sus cuantiosas reservas y su capacidad de recurrir al crudo ruso y al carbón como alternativas protegen al gigante asiático. La deuda y la Bolsa chinas apenas sufren desde el ataque a Irán
Donald Trump ha dado variados, incluso contradictorios, argumentos de sus motivos para lanzar junto a Israel un ataque sobre Irán. Ninguno ha apuntado a China, su gran rival por el liderazgo económico y tecnológico mundial, a pesar de que Irán, al igual que Venezuela, es uno de los grandes proveedores de petróleo del gigante asiático y de que el bloqueo del estrecho de Ormuz que Teherán ha forzado en represalia cierra una vía de suministro energético clave para Pekín y para el conjunto del continente asiático. Pero China de momento resiste el golpe. Los analistas coinciden en que cuenta con el crudo ruso y el recurso al carbón como alternativas al petróleo y el gas del golfo Pérsico, mientras los activos chinos no reflejan apenas inquietud. Desde el comienzo de los ataques a Irán, la Bolsa china evita las caídas, en contraste con el derrumbe de otros mercados asiáticos y de la corrección en Europa y EE UU. El yuan y los bonos soberanos chinos permanecen estables.
En lo que va de mes, coincidiendo con el tiempo transcurrido desde el inicio de la guerra en Oriente Próximo, el CSI 300, principal referencia de la Bolsa china continental, cede solo el 0,49%. Unas caídas que rozan el 7% en las Bolsas europeas, alcanzan el 7,5% en Nikkei japonés y el 10,5% en el Kospi coreano, que sumaba un rally del 50% en enero y febrero. El conflicto ha disparado el precio del petróleo y el gas y ya encarece el coste de la gasolina, lo que ha activado la alerta ante un alza de la inflación que derive, como sucedió en la guerra de Ucrania, en alzas de tipos de interés. El rendimiento de los bonos a 10 años de Estados Unidos y Alemania ha subido en 30 puntos básicos en lo que va de marzo, mientras el bono chino a ese plazo permanece sin cambios. También el yuan cotiza estable en las 6,88 unidades por dólar, incluso a pesar de la apreciación del billete verde, propiciada en gran parte gracias a ser la divisa en la que se paga el petróleo.














