Estados Unidos tensa la cuerda negociadora, debilitando la posición iraní y elevando la presión de China sobre los ayatolás. Pero llevarlo a la práctica no será fácil

¿Tiene sentido bloquear un estrecho que ya lleva seis semanas bloqueado? Esa pregunta, aparentemente contradictoria, cobra tintes bien distintos en la siempre complicada cabeza del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que el lunes concretó la amenaza aireada horas antes. Un nuevo órdago que ha desconcertado a analistas e inversores. El estrecho de Ormuz tendría ―tiene ya, según el Pentágono― un doble candado: el de Teherán, consciente de que es su mayor herramienta de defensa frente a la agresión estadounidense e israelí; y el de Washington, por ahora tan inconcreto como potencialmente desestabilizador. Un órdago difícil de llevar a la práctica....

Las intenciones finales de Trump son casi siempre un misterio. Una nebulosa a la que contribuye, y de qué manera, la ausencia de explicaciones claras sobre el objetivo final de este segundo bloqueo de Ormuz. Sí subyacen algunas pistas sobre sus intenciones: quiere debilitar aún más la economía iraní y quiere complicarle las cosas a China para que obligue a Teherán a negociar. Pero no será fácil, y sí caro: si el bloqueo es efectivo ―algo ni mucho menos claro: este martes cruzaron tres petroleros―, el grifo de Ormuz pasará a una situación de peligroso cerrojazo total.