En el Sudeste Asiático, muy dependiente de las importaciones de Oriente Próximo, varios países aplican medidas de racionamiento desde hace semanas

El frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán traía como gran promesa el anhelado desbloqueo de Ormuz, el estrecho marítimo más crítico para los flujos mundiales de energía. Una esperanza que, en las últimas horas, ha pasado de vaporosa a alejarse cada vez más. Desde el miércoles, cuando comenzó la tregua ―con todas las comillas que se quieran poner: las bombas han seguido cayendo estos días en varios puntos de Oriente Próximo, especialmente en Líbano―, el volumen de cargueros ha caído incluso por debajo de la media de los días inmediatamente anteriores al acuerdo, con un flujo residual de petroleros y metaneros. Con el doble bloqueo anunciado este domingo por la Casa Blanca, las cosas pueden ponerse incluso peor: pasarán aún menos buques. O, directamente, ninguno.

En condiciones normales, por Ormuz pasa alrededor de un quinto del petróleo y el gas natural licuado (GNL, el que se mueve por barco) que se consume cada día en el mundo. De esa cantidad, más del 80% acaba en Asia, sobre todo en China ―que, sin embargo, empieza a ver caer su consumo gracias al avance del coche eléctrico―, la India, Corea del Sur y Japón. Pero también en Filipinas, Tailandia o Indonesia. Allí, el riesgo de crisis de suministro es real.