Las navieras recelan del alto el fuego en un Estrecho colapsado de buques, mientras los países productores de petróleo y gas afrontan costosas reparaciones

El frágil alto el fuego entre Estados Unidos e Irán incluye la reapertura del estrecho de Ormuz durante dos semanas, un plazo más que escaso para que este estratégico paso marítimo recupere la normalidad porque es un proceso, que según los analistas, se medirá en meses. El pacto para detener los ataques abre sin duda una primera oportunidad para que los países del golfo Pérsico puedan volver a exportar petróleo, gas natural y fertilizantes al resto del mundo, pero el conflicto ha marcado un antes y un después que va a hacer difícil regresar a la situación anterior y que, de entrada, no favorece un rápido regreso a una relativa normalidad.

La primera reacción en el sector naviero es de prudencia, a la espera de que se aclaren las numerosas incertidumbres y amenazas que planean sobre el alto el fuego. De hecho, este miércoles Estados Unidos aseguró que el paso estaba abierto, pero posteriormente la agencia iraní Fars aseguró que seguía cerrado ante los ataques de Israel sobre Beirut. Según Reuters, varios barcos en la zona recibieron avisos en este sentido atribuidos a la marina de Teherán. Aun en el mejor de los casos, por delante queda resolver el embotellamiento de buques atrapados en Ormuz, recuperar la producción en los pozos parados y reparar las instalaciones energéticas dañadas por los ataques.