El estrecho de Ormuz, vía esencial cerrada de facto por Teherán, se ha convertido en el gran obstáculo del presidente de Estados Unidos para cantar victoria en Oriente Próximo
Una de las grandes paradojas de la guerra de Donald Trump en Irán es que el presidente de Estados Unidos lleva días presionando a sus principales aliados europeos, además de a China, Corea del Sur y Japón, para que formen una coalición militar
y-las-esperanzas-de-un-alto-el-fuego-se-enfrian.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2026-03-15/la-guerra-en-oriente-proximo-inicia-su-tercera-semana-y-las-esperanzas-de-un-alto-el-fuego-se-enfrian.html" data-link-track-dtm="">para reabrir el estrecho de Ormuz, y, al mismo tiempo, defendiendo que no los necesita para nada.
Lo dijo este lunes en Washington, en un acto en la Casa Blanca, en el que se contradijo repetidamente y durante el que presentó esas presiones y amenazas como una suerte de prueba de lealtad: “Tenemos el ejército más fuerte del mundo, con gran diferencia. No nos hacen falta. Quería solo averiguar cómo reaccionaban [esos países]. Porque llevo años diciendo que, si alguna vez llegáramos a necesitarlos, no estarían ahí”, aseguró. “Llevamos 40 años protegiéndoos; ¿en serio no queréis involucrados en algo que tan pequeño?“.








