Pekín refuerza su imagen y se beneficia del desgaste de Washington, pero el conflicto en Oriente Próximo expone su dependencia económica del Golfo y los límites de su papel como garante de estabilidad
El conflicto desatado en todo Oriente Próximo tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán del pasado 28 de febrero ha colocado a China en una posición incómoda. Si bien la guerra ofrece a Pekín una oportunidad estratégica, también le recuerda su vulnerabilidad estructural. Aunque la crisis está permitiendo al gigante asiático
om/internacional/2026-03-06/que-piensan-los-politicos-chinos-sobre-el-ataque-a-iran-este-no-es-el-orden-internacional-con-el-que-yo-creci.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/internacional/2026-03-06/que-piensan-los-politicos-chinos-sobre-el-ataque-a-iran-este-no-es-el-orden-internacional-con-el-que-yo-creci.html" data-link-track-dtm="">reforzar la imagen de potencia fiable frente a un Washington cada vez más impredecible, detrás de esa ventaja diplomática se esconde una realidad mucho menos favorable: el Golfo es una arteria vital para la economía china y cualquier sacudida en la región amenaza con golpear directamente su seguridad energética, su industria y varias de las cadenas de suministro que sostienen su crecimiento.








