Los títulos de deuda nipona a 40 años se estabilizan después de que el martes rebasaran el 4% por primera vez en su historia

Los caminos de las finanzas son inescrutables. El pasado lunes, la primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, anunció elecciones generales; el martes, se desató la tormenta en los mercados de deuda del país, mientras se ponía a chispear en los del resto del mundo. Era un aviso. El rendimiento de los bonos del gobierno nipón, tradicionalmente valorados por su estabilidad, escalaron el martes hasta cota...

s inimaginables. La sesión en Tokio fue, según los operadores, la más caótica que se recuerda en los últimos tiempos.

Algunos analistas comenzaron a preguntarse si Takaichi, que llegó al poder en octubre, pero sin pasar por las urnas, se enfrentaba a su momento Liz Truss, la brevísima primera ministra británica: sus 49 días en el cargo provocaron una grave crisis financiera tras aprobar un “minipresupuesto” que incluía recortes fiscales sin fórmulas para financiarlo, y forzaron su salida antes de que se pudriera una lechuga iceberg.

La ultraconservadora Takaichi, una expresentadora de televisión y exbatería de heavy metal en su juventud, que goza de un fuerte apoyo en los sondeos, propuso ir a elecciones para obtener un respaldo explícito a su mandato. Se presenta con un programa de recortes fiscales y gasto expansivo, con la esperanza de atraer a unos votantes atenazados por la inflación y los salarios exiguos. Promete una “expansión fiscal responsable”.