La desconfianza de los inversores hacia la deuda soberana no afloja este miércoles. La rentabilidad de los llamados gilts—bonos de deuda pública— del Reino Unido a 30 años ha rebasado el 5,75%, y sigue sin dar tregua tras tocar este martes su nivel más alto desde 1998. El fenómeno se extiende a otras latitudes, con el bono estadounidense a 30 años pagando más del 5%, y el japonés sobrepasando el 3,29%, su máximo histórico.
¿Por qué está pasando justo ahora? Los analistas apuntan a una conjunción de circunstancias que están mermando la fe del mercado en la sostenibilidad de las cuentas públicas a largo plazo. “Se mezclan diversos factores. Desde los sospechosos habituales, como la inflación y las preocupaciones fiscales. Hasta la inquietud sobre la independencia de la Reserva Federal y el repunte de la emisión de deuda tras las vacaciones de verano”, señala Dario Messi, director de Análisis de Renta Fija del banco suizo Julius Baer.
Septiembre es tradicionalmente un mal mes para los mercados financieros. Y este año se está cumpliendo el guion a pies juntillas. Junto a las razones más generales del exceso de deuda en el sistema, hay también argumentos particulares que explican la desbandada de la deuda a muy largo plazo. El varapalo legal sufrido por Donald Trump la semana pasada, cuando un tribunal anuló la mayoría de sus aranceles, pone en riesgo cientos de miles de millones de dólares en ingresos para reducir el abultado déficit federal. Un mal dato de empleo este viernes podría empeorar el sentimiento del mercado hacia la deuda norteamericana.














