El partido gobernante se resiste a corregir un desastroso sistema que beneficia al 1% de la población
La primera ministra de Japón, Sanae Takaichi, ha pasado los primeros meses de su mandato inmersa en una vorágine de actividad tras prometer durante la campaña electoral que controlaría la creciente inflación. Pero, su decisión de respaldar una política que recorta el cultivo de arroz, cuyo precio se ha doblado con creces desde 2024, expone el mal funcionamiento de la maquinaria económica y política. Es un grave problema para el Partido Liberal Democrático (PLD), en el poder, y su enérgica líder, de cara a las elecciones anticipadas del próximo mes.
La importancia del cereal trasciende su papel como simple cultivo en Japón, donde la palabra que designa el arroz cocido, gohan, se usa también como genérico para referirse a la comida. La subida de los precios provocó una derrota electoral en julio que derrocó al último primer ministro del PLD, que ha gobernado el país en la mayoría de ocasiones desde la década de 1950.
En los 12 meses anteriores a mayo, cuando el Gobierno comenzó a vender directamente a los minoristas las reservas de arroz de emergencia para controlar los precios, el precio de un saco de 5 kilos ya se había duplicado hasta superar los 4.000 yenes (21,6 euros). Esto se debió a la escasez de suministro causada por una combinación de bajos objetivos de producción y veranos más calurosos, que quemaron los arrozales y ampliaron el área de distribución natural de la chinche apestosa, que come arroz. La consiguiente ira de los votantes contribuyó a poner fin al mandato de Shigeru Ishiba y allanó el camino para que Takaichi se convirtiera en octubre en la nueva líder del PLD y en la primera mujer primera ministra de Japón.









