La carismática primera ministra logra aplacar las turbulencias financieras con un mensaje de crecimiento y rigor presupuestario. El recelo de décadas hacia los bonos nipones se relaja y el Nikkei se dispara

Por momentos pareció que Sanae Takaichi iba a invocar el fantasma de la ex primera ministra británica Liz Truss, que apenas duró 45 días en el cargo tras presentar un explosivo recorte de impuestos. Sin embargo, la líder ultraconservadora japonesa está ahora en el lugar opuesto, más cerca de su admirada Margaret Thatcher, aunque para la dama de hierro británica sería inimaginable una economía con un nivel de deuda del 230% sobre el PIB como la japonesa. El país del sol naciente estrena la era Takaichi, que arrasó en las elecciones anticipadas que ella misma convocó el pasado de 8 febrero y en las que no le pudo salir mejor su propósito de ser reforzada como primera ministra. Es la primera mujer en presidir Japón y ha llevado a su formación —el Partido Liberal Demócrata (PLD)— a cosechar el mejor resultado de la posguerra, palabras mayores para la formación que gobierna el país de forma casi ininterrumpida desde 1955.

Los inversores respaldan la holgura con que va a presidir Japón durante los próximos cuatro años, aunque su mandato no vaya a ser un camino de rosas. En los días previos a la cita electoral, el yen y los bonos japoneses sufrieron un duro revés, una oleada vendedora que desató la propia Takaichi cuando anunció su propuesta electoral de rebajar el impuesto sobre los alimentos. El rendimiento del bono nipón a 40 años se disparó al 4% por primera vez y la tensión se contagió al conjunto de la deuda japonesa, coincidiendo además con un yen al filo de las 160 unidades por dólar, mínimos de 40 años. Fue una breve pero intensa tormenta perfecta para los activos japoneses que hizo inevitable la comparativa con la aventura fiscal de Liz Truss, que el mercado condenó drásticamente al fracaso.