La primera ministra, tras solo tres meses en el cargo, aspira a gobernar con una holgada mayoría tras los comicios de este domingo, marcados por el debate sobre el coste de la vida, inmigración y defensa

“¡Quiero ver a la primera ministra!“. ”¡Hemos venido a conocerla!”. El mitin de cierre de campaña de Sanae Takaichi, la primera mujer al frente de un Gobierno en Japón, es un fenómeno de masas. Hay niños y ancianos, parejas jóvenes, madres con sus hijos. Ríos de gente que desembocan en la explanada del parque Futako Tamagawa, a las afueras de Tokio, este sábado a última hora de la tard...

e. Tiene algo de concierto de rock, con miles de personas. La seguridad es intensa. Aunque nadie pierde la cabeza cuando sale la estrella al escenario y hace varias reverencias: “Buenas noches, en medio de este frío, gracias por venir”.

Su discurso no es apasionado, pero sí busca ser inspirador. Está repleto de promesas. Pide el voto para este domingo. Habla de la necesidad de ser un país que se pueda defender. De seguridad, autosuficiencia y de la capacidad tecnológica de Japón. De subir salarios, de impulsar las empresas. Arranca aplausos al hablar de la industria de las tierras raras. Pide un esfuerzo para dejar un futuro mejor a las nuevas generaciones. “Tenemos que pensar que no somos débiles”, proclama. “Volver a ser un archipiélago rico y fuerte”, subraya su lema con ecos trumpistas.