La primera mujer al frente de un Gobierno en el país asiático impulsa al partido gobernante durante décadas a su mejor resultado de la historia moderna
Que la primera ministra japonesa, la ultraconservadora Sanae Takaichi, es un fenómeno que trasciende la mera política se intuía ya en su mitin de cierre de campaña, el pasado sábado, en un parque a las afueras de Tokio. Soportando una temperatura gélida, ya de noche, y bajo una lluvia fina que en la madrugada se convertiría en nieve, miles de personas se congregaban para ...
poder verla. Para estar ahí. Conscientes de que estaban viviendo un momento histórico.
Cuando Takaichi subió al escenario, la respuesta del público fue contenida, pero extremadamente atenta. Aplaudieron tímidamente. La primera mujer en liderar un Gobierno nipón explicó entonces cuál es su método: “Trabajo, trabajo, trabajo”. Una frase efectiva que repite en cada mitin, ya casi convertida en meme. Pidió un esfuerzo para hacer de Japón un “archipiélago fuerte y rico” de nuevo. Tocó sus temas predilectos: la necesidad de impulsar la defensa; de subir los salarios; de que las empresas instalen fábricas en el país; de potenciar la tecnología, la autosuficiencia y la industria de tierras raras. No usaba un tono grandilocuente. Sino que sonaba ejecutiva, como si ya estuviera en ello. “Tenemos que darnos prisa; tenemos que empezar ahora”, dijo.









