Sanae Takaichi se someterá a las urnas el 8 de febrero tras solo tres meses en el cargo y con los sondeos a su favor, pero los mercados cuestionan la sostenibilidad de sus políticas económicas

Desde que irrumpió en la escena global, la primera ministra japonesa, la ultraconservadora Sanae Takaichi, ha dado muestras de que tiene casi tanto de estrella del rock —tocó en una banda en su juventud— como de líder política. Calibra la comunicación, cuida cada imagen, se defiende en los tiempos brevísimos que exige la trituradora mediática de nuestra era....

En octubre, cuando se convirtió en la primera mujer en ser investida al frente de un Gobierno en Japón, las viejas fotografías de ella, de joven, tocando heavy metal a la batería y a lomos de motos de gran cilindrada dieron la vuelta al planeta. Un primer aviso de que se siente cómoda cuando la adrenalina se dispara, y un complemento idóneo a su aspecto de política de línea dura.

Esta semana, tras solo tres semanas como primera ministra, se lanzó a la ofensiva y convocó elecciones anticipadas para el 8 de febrero con la intención de consolidar su mandato. “Me juego mi futuro político como primera ministra en estas elecciones”, asumió. “Quiero que el público juzgue directamente si me confía la gestión de la nación”. Takaichi, que llegó al cargo sin haber pasado por las urnas, tras la dimisión de su predecesor, Shigeru Ishiba, necesita esa legitimidad.