Su fondo de pensiones y el banco central del país son los dueños del 15% de las acciones cotizadas en Tokio
La histórica victoria de Sanae Takaichi en las elecciones presidenciales del domingo, en Japón, provocó en las siguientes horas un subidón del 3,9% en la Bolsa de Tokio; el mercado espera que la dirigente promueva políticas de mayor gasto y estímulo económico, lo que animaría a las empresas cotizadas. Curiosamente, el agente económico que más se está beneficiando de los máximos de índices bursátiles como el Nikkei es el propio Estado japonés, que es el mayor inversor individual en acciones nacionales, con casi el 15% del total.
Una de las vías es a través del Goverment Pension Investment Fund (GPIF) de Japón, que maneja activos por valor de 1,5 billones de euros, una cifra ligeramente inferior al PIB de España. Desde su sede en el rascacielos Toranomon Hills —situado en el exclusivo barrio de Ginza, en Tokio— se gestionan las inversiones del mayor fondo de pensiones del mundo y uno de los mayores fondos soberanos del planeta. El vehículo destina un 25% de su capital a acciones de compañías locales.
La otra vía con la que el Estado interviene en la Bolsa nipona es con las inversiones de su banco central. Desde 2010, el Banco de Japón —ubicado muy cerca del tecnológico barrio de Akihabara— ha participado en el mercado bursátil a través de la inversión en fondos cotizados (ETF, por sus siglas en inglés) que replican la evolución de índices como el Nikkei. Algo insólito. Ni el BCE, ni la Reserva Federal, los mayores bancos centrales del planeta, invierten en acciones.














