La 10ª edición del concurso de El Comidista nos deja una gran colección de platos imposibles, decoraciones extravagantes y, sobre todo, muchas risas

Toda Navidad tiene sus clásicos. Unos buenos como los turrones, las campanadas y los belenes, y otros no tanto, como las cenas de empresa, las 30.000 horas de villancicos non-stop en los supermercados o los anuncios “ni de izquierdas ni de derechas” de Campofrío. A la lista, por supuesto en el lado positivo, hay que añadir el que para nosotros es el clímax de la temporada: el concurso Navidad Viejuna, con su celebración de esos platos imposibles tan propios de las fiestas.

El certamen cumplía este año su 10ª edición, y en una fecha tan señalada no nos habéis defraudado. Tras una década de ensaladillas profusamente decoradas, instalaciones de roscos de vino, belenes comestibles de huevos rellenos, falsas langostas de rape, prodigiosos áspics de verduras y hasta arcángeles-barbie hechos de embutido, las fotos que nos habéis enviado este año han superado todas nuestras expectativas. La comida viejuna sigue viva, tanto como las ganas de reivindicar con sentido del humor esos platos que no pegan ni con cola en la modernidad gastro del siglo XXI, pero que son puritito food art.