Comer hasta atiborrarse, los que quieren ayudar y no ayudan, los turrones ‘creativos’ y la comida ‘lujosa’: estas son algunas de las cosas que más detestamos de las fiestas en El Comidista
Los turrones, mazapanes y bebidas espumosas horteras se expanden como la peste en el supermercado, se escuchan coros infantiles que cantan por encima de los hercios soportables, todo se viste de rojo y dorado –o peor, de azul y plateado–, te entran ansias por comprar marisco antes de que se acabe –pero si tú nunca comes marisco…–, te ves en la obligación de comprar regalos, de participar de amigos invisibles con personas que no son tus amigos. Tu pulso se acelera y tu irritabilidad aumenta; tu cuerpo lo sabe: odias la Navidad. O al menos odias algo de la Navidad. Estamos aquí contigo, no te preocupes. Ya sabemos lo de “mal de muchos” etcétera, pero al menos nos reiremos de ello un rato: aquí os dejamos con todo lo que más detestamos los integrantes del equipo Comidista de la Navidad. Todo lo que tiene que ver con la comida, claro.
“Pues mira, has dado con un Grinch de manual”, dice nuestro compañero Rubén Galdón mientras empieza a ponerse verde. “No me acerco al centro de mi ciudad desde el mismo momento en el que se encienden las luces de Navidad y agradezco que en mi calle no haya alumbrado más allá de las farolas”. Disfruta de las celebraciones familiares y de la gastronomía típica en los días festivos en los que es necesario –es decir, tres o cuatro– pero le horripila todo lo navideño a destiempo. “No soporto que cada vez se alargue más la época navideña: no entiendo que haya gente comiendo turrón a principios de noviembre cuando aún no le ha hecho la digestión de los huesos de santo”, concluye con razón.








