Salvo sorpresa mayúscula, Fráncfort volverá a dejar intactos los tipos de interés este jueves, y se espera que mejore las perspectivas económicas
La modorra monetaria en que se ha sumido el Banco Central Europeo, que lleva tres reuniones consecutivas sin tocar los tipos de interés y este jueves consumará la cuarta, no tiene visos de ceñirse solo al frío invierno. La hibernación, un lujo al alcance solo de quienes han hecho los deberes con la inflación, podría prolongarse mucho más allá si no aparecen cisnes negros en el camino. Así lo estiman los analistas y así lo reflejan las señales lanzadas por Christine Lagarde en los últimos tiempos, comparativamente plácidos en lo geopolítico y lo comercial, frente a un primer semestre de furor arancelario y conflicto en Oriente Próximo.
“La incertidumbre económica se ha disipado en cierta medida, especialmente en lo que respecta al comercio. Esto dará al Consejo de Gobierno mayor confianza en que se encuentra en una buena posición”, apunta Lorenzo Codogno, exsecretario del Tesoro italiano.
Seis semanas después de la escapada de Lagarde y los suyos a Florencia, donde cumplieron con la tradición de celebrar un encuentro anual fuera de Fráncfort en un ambiente distendido, visita incluida al mercado para comprobar que los precios se han encarecido —aunque menos que la última vez, Lagarde dixit— y comprar panetone, los ánimos siguen igual de relajados gracias a una inflación que prácticamente no se despega del objetivo, y que en noviembre cerró en el 2,1%.









