Fin del camino. La reunión del Banco Central Europeo de esta semana dejó un aroma de cambio de ciclo. Las previsiones de crecimiento mejoraron, las de inflación apenas se movieron. Mientras en París se preguntan cómo volver a hacer gobernable la segunda economía del euro, en Fráncfort la sensación es de control: la inflación en el 2,1%, los tipos de interés en el 2%, y un próximo encuentro, el de Florencia el 29 y 30 de octubre, propicio para cumplir con el trámite de volver a mantener el precio del dinero sin cambios por unanimidad y salir cuanto antes a dar un paseo por la ciudad.
Las dos pausas consecutivas en los tipos adoptadas por Christine Lagarde y los suyos, algo que no sucedía desde mayo de 2024, demuestran que los números les cuadran. Y ven más riesgo en tocar lo que funciona que en no hacerlo. El listón para volver a pulsar el botón de los recortes ha subido tras la firma del tratado comercial entre Bruselas y Washington, lesivo para los intereses de muchas empresas europeas por esos aranceles del 15%, sí, pero que evita el mal mayor. Por lo pronto, esquiva el escenario demoledor de un círculo vicioso de represalias europeas y contraataques de la Casa Blanca, un riesgo que hace solo unos meses era real.









