Tipos de interés en el 2%. Inflación en el 2%. Los números son redondos. Y con un equilibrio tan perfecto, y en cierto modo sorprendente en tiempos de guerra comercial y turbulencias geopolíticas, el Banco Central Europeo se da por satisfecho y se prepara para envainar el arma monetaria hasta mejor ocasión. Todo indica que este jueves dejará el precio del dinero sin cambios, poniendo así fin a una etapa de siete rebajas consecutivas —ocho en el ciclo actual—, y cambiando al modo esperar y ver por primera vez desde julio de 2024. Hace justo un año.

La economía europea ha reaccionado a esa paulatina retirada de cargas con mesura. Ni los precios se han disparado, ni los salarios han desatado espiral alguna, ni mucho menos el euro se ha devaluado. El tratamiento por goteo de reducir los tipos de 25 en 25 puntos básicos, así hasta hacerlos menguar a la mitad desde el pico del 4% en que estaban en junio del año pasado, ha sido prácticamente indoloro.

Nada se ha roto, salvo para los ahorradores conservadores que han visto la rentabilidad de las letras del Tesoro caer, con los hipotecados y sus cuotas decrecientes como reverso feliz. Esa paz contrasta con la política más errática de la Reserva Federal estadounidense, que obligada por los aranceles de Donald Trump viró desde una bajada de tipos agresiva en septiembre a una parálisis que se prolonga ya cuatro reuniones. Pese a la creciente presión de la Casa Blanca contra su presidente, Jerome Powell, el desacople entre los dos grandes bancos centrales es notorio.