Como los protagonistas de la lucha contra el colapso climático han quedado excluidos de las negociaciones oficiales, cercan la Zona Azul desde las calles

Hay dos COP en la Amazonia: la oficial y su transgresión. Quienes nunca han estado en la Zona Azul de la cumbre del clima, el lugar más selecto por ser el de las negociaciones, pueden imaginarse un espacio (enorme) que es una mezcla entre una nave espacial y un sofá. Totalmente cerrado, climatizado artificialmente, vigilado por policías y también por el Ejército. Siempre es la misma arquitectura, no importa la región del mundo que la acoja. Esta, en la Amazonia, de naturaleza solo tiene plantas-mascota, árboles tristes, colocados allí sin cuidado para fingir que hay verde, y paneles con fotografías de animales. Pero está en la Amazonia, y Brasil es un país democrático. Los miles de pueblos i...

ndígenas que han acudido desde todos los rincones del mapa han llegado a una conclusión más que lógica: si aún queda selva, si aún queda algún bioma, es porque los protegemos con nuestros cuerpos. O, como dicen: “La respuesta somos nosotros”. Y así es. Por lo tanto, han decidido tomar la COP para llevar a cabo la COP.

Empezó con dos manifestaciones al inicio de la cumbre, de indígenas de diferentes partes del río Tapajós. En una, los manifestantes forzaron su entrada en la Zona Azul. En la otra, exigieron entrar, y entraron. Luego, el sábado 15 de noviembre, una Marcha por el Clima nunca vista tomó las calles de Belém. No era una marcha, era una danza. Para los pueblos-naturaleza de Brasil, la lucha es fiesta, y la fiesta es algo muy serio.