Indígenas y poblaciones tradicionales, médicos, abogados, artistas y científicos zarpan para disputar la primera cumbre del clima en la Amazonia
Escribo a bordo de un barco que se dirige a Belém, donde se celebrará la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Clima, la primera en la Amazonia. Voy con casi cien líderes indígenas y de otros pueblos tradicionales, científicos de la selva y del mundo académico, médicos, abogados, artistas. Navegamos contra el fin del mundo: este es el nombre de nuestra jornada. Y navegar contra el fin del mundo es renunciar a la vista d...
e dron, desde arriba. Miramos desde el suelo y las aguas: por eso somos testigos de cómo las empresas transnacionales, en su mayoría del Norte Global, los monocultivos de soja, la ganadería y la minería están llevando a la mayor selva tropical del planeta a un punto sin retorno. Navegar contra el fin del mundo es resistir a pesar de ver que el mundo se acaba por debajo y por encima de nosotros, de ver que el mundo se acaba por todos lados.
En las márgenes del río Tapajós, que era el más azul que había antes de que llegaran las dragas mineras, lo que era selva se está convirtiendo en tierra desnuda. Morada de los Mundurukú y otros pueblos, el cuerpo del río Tapajós y todos los que lo habitan han sido envenenados por el mercurio de la minería ilegal de oro. Las investigaciones han revelado que parte de la población originaria tiene niveles de contaminación muy altos: las enfermedades ya les carcomen el cerebro a algunos, y los niños ya nacen con malformaciones a causa del veneno que circula por el cuerpo de sus madres.









