A Renfe se le empieza a agotar la paciencia con su último modelo en las vías, el Talgo Avril (serie 106), que ha pasado de ser una herramienta esencial, para atender la creciente demanda de viajes en la alta velocidad, a convertirse en un quebradero de cabeza por sus innumerables incidencias. Lo que el ministro de Transportes, Óscar Puente, califica de “problemas de juventud”, al referirse al historial del tren estrenado en mayo del año pasado, ha llevado a la compañía a retirar cinco unidades asignadas al servicio de bajo coste Avlo en la línea Madrid-Barcelona. La fisura en el bogie de uno de esos trenes sorprendió a Renfe exigiendo a Talgo que acabe con otra impopular tara del Avril: el ruido y las vibraciones que tienen que soportar los viajeros. Un inconveniente que salta diariamente a las redes sociales y para el que no se ha encontrado solución en estos 16 meses de rodaje.
Puente ya ha advertido que sondea la posibilidad de traer material rodante de Siemens desde Alemania para reforzar a la operadora dependiente del Ministerio de Transportes. Todo un mazazo a la reputación del fabricante español, cuyo futuro, en pleno proceso de cambio al frente de su accionariado, pasa en buena medida por mejorar las prestaciones de su tren de alta velocidad. De momento, el Avril, sobre el que Talgo trabaja en la segunda generación, arroja más sombras que luces tras su lanzamiento en España.







