En su primera comparecencia tras ganar Donald Trump las elecciones, apenas dos días después, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, fue contundente: no presentaría la dimisión. “No está permitido por la ley” destituir a los componentes del consejo del banco central, indicó a unas preguntas de los periodistas insistentes y, también, premonitorias. Nueve meses después, un Donald Trump ya instalado en la Casa Blanca ha pasado de amenazas a los hechos, cesando por carta la pasada madrugada a la gobernadora Lisa Cook, uno de los siete miembros permanentes del consejo de gobierno de la Fed, argumentando que Cook, nombrada por Joe Biden y asesora de Barack Obama, aportó datos incorrectos al solicitar una hipoteca. El movimiento ha agitado los mercados financieros, con subidas en los tipos de la deuda a largo plazo y descensos en los plazos cortos, y con un leve castigo al dólar, ante un escenario incierto.

De momento, Cook (cuyo mandato no termina hasta 2038) señala que Trump no tiene poder para despedirla: “El presidente Trump pretendía despedirme ‘por causa justificada’ cuando no existe ninguna causa justificada según la ley, y no tiene autoridad para hacerlo”, dijo en un comunicado difundido por su abogado. “No dimitiré. Seguiré desempeñando mis funciones para ayudar a la economía estadounidense, como he venido haciendo desde 2022″. El comunicado sugiere una inmediata batalla jurídica sobre esa causa justificada, por más que nunca en la historia de la Reserva Federal un presidente haya despedido a un gobernador.