El despido, pendiente de una inminente batalla legal, de la gobernadora de la Reserva Federal Lisa Cook ha puesto en cuestión la sacrosanta independencia del banco central estadounidense respecto a una Casa Blanca poco menos que obsesionada por recortar los tipos de interés. El impacto en el mercado ha sido claro, pero de magnitud limitada: la decisión sobre el futuro de Cook está en manos de los tribunales y, además, no altera el equilibrio de cara a los próximos movimientos de la Fed. Aun así, los bonos a corto plazo han bajado, por la perspectiva de una política monetaria más suave, y los de largo plazo subieron, ante la previsión de que una Fed más permeable implica más inflación en el largo plazo.
El futuro más inmediato es la reunión del 16-17 de septiembre, donde la presencia de Cook está en el limbo: Trump la da por despedida, ella recurrirá el cese por considerar que no tiene base legal y la Reserva Federal acatará las decisiones judiciales. La tormenta no ha alterado mucho las cábalas de los mercados: otorgan un 87% de posibilidades a que la Reserva Federal recorte los tipos de interés, frente al 84% del viernes pasado. En caso de que así fuera, el banco central estadounidense rompería con una regla no escrita de la política monetaria: la de no rebajar el precio del dinero en un entorno de aumento de los precios.







