El informe PISA 2025 ha desvelado un dato aterrador por distópico: los jóvenes no pueden comprender textos largos por su dificultad en mantener la atención. El diagnóstico es tan grave que para los expertos educativos consultados por este diario solo cabe un pacto social que implique familias y escuelas para revertirlo. Se hizo con los móviles, sacándolos de los centros educativos. Ahora –señalan– debe hacerse con la lectura. Enric Prats, profesor de pedagogía de la UB y Jordi Collet, catedrático de Sociología de la Educación, proponen priorizar en la escuela la lectura, que es la puerta que abre al resto de conocimientos. Y evaluar mucho más. La media hora de lectura diaria que se introdujo por ley hace dos años en todas las clases de Primaria y ESO, ¿qué resultados ha obtenido? ¿La hacen de verdad las escuelas?Lucas Gortázar, analista de Esade, reclama cuidar los espacios que propician la concentración en escuelas y hogares, atendiendo especialmente el acompañamiento en el uso de la IA. Finalmente, Rafa González, director de escuela, considera que son necesarias reformas de calado, con un pacto social amplio, que se recojan en una ley catalana que se adecúe a la realidad actual, acompañada del 6% del PIB.Se duplica el número de estudiantes que leen los textos a toda prisa y dan respuestas rápidas pero incorrectasLos propios autores del informe PISA, al ver que la caída mundial en todos los países, de condiciones y circunstancias distintas, y en todo tipo de alumnos, pero mayormente en los de renta alta, escribieron un capítulo sobre las posibles causas. Algo excepcional, pues la OCDE, responsable de las pruebas, solo muestra la foto fija de los resultados. PISA apunta a una correlación entre dispositivos móviles y la IA (más presente en familias adineradas). Y muestra preocupación por el resto de materias: “Los países que experimentaron los mayores retrocesos en lectura también tendieron a registrar las caídas más pronunciadas en matemáticas y ciencias”.La lectura registró el descenso más pronunciado: 28 puntos, en la OCDE, casi curso y medio. En España, el rendimiento de los hijos de familias de clase socioeconómica más favorecidas han caído 33 puntos. Son niños que han crecido oyendo cuentos cada noche, que tiene libros en sus casas y sus madres son universitarias. Todos esos puntos son factores de protección. El habla cotidiana de sus hogares tiene un registro similar al de la escuela y están más habituados a desarrollar el pensamiento crítico. Pero si tradicionalmente la escuela amplificaba esa cultura, ahora ya no solo no la amplifica sino que no logra frenar el retroceso. “Eso conecta con el descontento del profesorado y las protestas por el deterioro de la educación”, afirma Prats.Centros con más disciplina y respeto al docenteAsturias, Madrid y Castilla León presentan datos por encima del promedio de la OCDE, incluso cayendo respecto a 2022. Están en cabeza por el efecto de una cultura, compartida entre docentes y familias, sobre la relevancia de la educación, según Ismael Sanz, profesor de Economía de la Universidad Rey Juan Carlos I. “Hay más disciplina y respeto al profesor y dedican más tiempo al estudio. Se considera, y eso es desde el siglo XIX, que la educación es esencial”. A su juicio, las escuelas no han querido rebajar el nivel de exigencia, facilitando pasar de curso o abrazando metodologías activas. Una parte de los resultados de Madrid también se explican por el nivel cultural de los padres, más alto, y la limitación del uso de las herramientas digitales. En Baleares o Canarias, que están en la cola, los jóvenes carecen de incentivos porque el turismo les ofrece una salida temprana.“Existe una crisis de la atención generalizada”, afirma Gortázar, “que impide la concentración para leer y para cualquier otro esfuerzo cognitivo”. Hay también un cambio de valores familiares, añade, pues los jóvenes responden que en su casa no les preguntan cómo les ha ido en el colegio.En el estudio puede observarse que la atención disminuye a lo largo de toda la prueba e indistintamente de los ejercicios que se proponen. Los estudiantes que leen los textos a toda prisa y ofrecen respuestas rápidas pero incorrectas casi se duplicó entre 2018 y 2025. La concentración disminuye también en textos largos. Desconectan a las 400 palabras. Eso pasa también en los ejercicios de matemáticas con enunciados largos. “Se pierden”.Escolares castellano-manchegos en el primer día de curso, el pasado martes, en un colegio de Toledo. Ismael Herrero / EFE“Lo más preocupante –escribe el director de Educación de la OCDE, Andreas Scheleicher en el prólogo del informe– es el deterioro de las competencias que resultan cruciales en la era de la IA: evaluar la información, establecer conexiones entre diversas fuentes y reflexionar críticamente sobre lo que leemos. En un mundo cada vez más saturado de información, es menos probable que nuestros estudiantes reflexionen a fondo y sepan distinguir lo esencial del ruido”, alerta el directivo.Gortázar se pregunta: “¿Qué queremos pedirle a los alumnos y a la escuela teniendo en cuenta que la dinámica social empuja hacia una dirección contraria?”.En clave de desigualdad socialEn Catalunya, el 30% de la población escolar es de origen inmigrante. “Hay escuelas que han pasado de 0 a 90% de alumnos extranjeros, pero sus proyectos educativos no han cambiado”, indica Jordi Collet, sociólogo de educación en la Universidad de Vic. Muchos de estos alumnos, continúa, nacidos en Catalunya y escolarizaron a los tres años, fallan en 1º de ESO. La tasa de repetición, que debería ser excepcional, es del 22%. Y es mayor en inmigración. “La inmersión ya no funciona igual. Antes, el niño aprendía bien la lengua porque la usaba fuera de la escuela. Era como meterlo en una piscina llena de catalán. “Ahora, ya no está el catalán en el patio, en el grupo de amigos, en el deporte, en la música. La piscina está vacía y solo la aprenden en la escuela”. Esto irá a más por cuanto las familias inmigrantes son las que tienen hijos. “O la lengua se trabaja de forma fundamental o persistirán las desigualdades”, advierte. Más prevención en las escuelas infantiles, más aulas de acogida, más apoyo lingüístico y bibliotecas escolares, propone.“Leer cansa”, admite Enric Prats, “enfrentarse a un texto, en su complejidad, requiere esfuerzo, pero esa es la función del profesor. La lectura forma parte de su identidad”, añade.“La lectura es LA, así, en mayúsculas, competencia básica escolar”, añade el sociólogo Jordi Collet, que propone revisar a fondo la forma en que se introduce desde infantil, con la oralidad y la fonética, hasta la salida de la escuela. No dejar a nadie atrás. “Necesitamos una cultura de la evaluación que identifique dificultades en todas las etapas. Pasar pruebas y actuar en base a evidencias”, indica. “Hay que volver a situar la lectura en el centro”.Lee tambiénEl punto de partida, según el informe PISA, es centrarse en lo esencial: establecer expectativas elevadas y coherentes para todos los alumnos en lectura, matemáticas y ciencias. “Priorizar en enseñar bien un conjunto reducido de temas fundamentales –hasta lograr un dominio auténtico– que abordar apresuradamente una larga lista de contenidos de forma superficial”, recomienda.Rigor en la enseñanza y más confianza en el profesorado por parte de las familias, según González, para exigir entre todos el esfuerzo que requiere el alumno.Periodista. Ha trabajado en las secciones de Política, Economía, Opinión y Cultura de La Vanguardia. Desde hace unos años cubre informaciones de Educación y Universidades en Sociedad