Tras conocerse el descalabro de España en el último informe PISA, el debate público y la propia OCDE han señalado a la tecnología como culpable de un problema de concentración y comprensión lectora del alumnado. Los hábitos digitales están reconfigurando especialmente las mentes y las capacidades de atención de los más jóvenes, pero más allá de demonizar la tecnología es necesario fomentar la relación saludable con ella, prestar especial atención al entorno doméstico y no simplificar un problema complejo.
“Los países más digitalizados y con alumnos más tecnológicos, que son Japón, Corea del Sur, Singapur, y no nos tenemos que ir a Asia, que también tenemos a Estonia en Europa, que está absolutamente digitalizado, no solo los centros escolares, sino toda la sociedad desde edades tempranas, están a la cabeza del informe”, subraya Laura Cuesta Cano, profesora y divulgadora experta bienestar digital y CEO de Educación Digital para Familias. Cano apuesta por no reducir el problema al impacto de las pantallas: “Lo estamos haciendo mal de alguna manera en la que esos países, que dan una importancia absoluta a la educación, no lo están haciendo y [hay que ] hacer una reflexión por ese lado”.













