AnálisisEn las aulas sobran jóvenes incapaces de sostener la concentración en textos densos o de evaluar críticamente la veracidad de la información que consumen. Foto: Gemini IAEDITOR MULTIMEDIA12.09.2026 22:01 Actualizado: 12.09.2026 22:01
Los recientes resultados de las evaluaciones internacionales Pisa encendieron una alarmante alerta global sobre el impacto real que las pantallas, las redes sociales y sobre todo la inteligencia artificial (mal usada) están teniendo en las aulas. Como siempre, no estamos ante una ‘tecnología mala’: estamos ante unos ‘malos usuarios de la tecnología’.Los datos revelan una correlación preocupante: los estudiantes que delegan plenamente la realización de sus tareas a unos algoritmos obtienen un rendimiento significativamente inferior respecto de los que sí leen, investigan, contrastan y se esmeran por entender un problema y sus eventuales soluciones. LEA TAMBIÉN Este fenómeno no hace más que confirmar lo que muchos pedagogos venían advirtiendo con angustia: cuando la tecnología asume el rol del esfuerzo mental, el aprendizaje genuino simplemente se desvanece.Para que el cerebro de un niño o adolescente construya conexiones neuronales duraderas, es indispensable someterse a lo que la Ocde define como el esfuerzo cognitivo productivo. Resolver un problema matemático batallando con las fórmulas, redactar un ensayo equivocándose en la sintaxis o investigar de manera tradicional son ‘los músculos’ del pensamiento crítico. Al utilizar la inteligencia artificial como la encargada de hacer esas labores, se cercena ese proceso de maduración intelectual, atrofiando la capacidad cerebral de análisis, destruyendo la comprensión de lectura y la necesaria resiliencia ante la frustración. Foto:Gemini IAProducto de esto, en las aulas sobran jóvenes incapaces de sostener la concentración en textos densos o de evaluar críticamente la veracidad de la información que consumen. Si el estudiante se acostumbra a que un software le resuma los libros y le arme las respuestas, se destruye el hábito de la curiosidad intrínseca.Frente a este panorama, el error más grave que cometen los hogares es la delegación absoluta de la autoridad formativa. Muchos padres entregan dispositivos sin supervisión bajo la falsa premisa de que los colegios deben asumir el control total de la era digital, olvidando que la verdadera gobernanza de la tecnología empieza en la sala de la casa. LEA TAMBIÉN No se trata de declarar una guerra contra la IA ni de prohibirla ciegamente, sino de entender que su uso desregulado en las tareas escolares convierte una potencial herramienta de apoyo en un agente corrosivo para la disciplina mental de los hijos.Padres, madres: ustedes deben gobernar asertivamente la IA en casa. Punto. La norma de oro es simple: prohibir el uso de chatbots conversacionales y generadores de texto en la fase inicial de cualquier tarea escolar. Los menores pueden y deben usar la IA para obtener explicaciones, detalles, rutas de experimentación y análisis, pero deben redactar, con esos insumos sus borradores, hacer sus cálculos y pensar las respuestas de manera autónoma ante cada problema. Foto:ISTOCKAsimismo, las familias deben propiciar espacios de diálogo crítico donde se cuestione activamente lo que arrojan las pantallas. Hay que enseñarles a los hijos a dudar, a contrastar y a entender que el valor de una tarea escolar no radica en la perfección de la entrega final, o la rapidez, sino en el camino mental que se recorre para alcanzarla. LEA TAMBIÉN En cada uno de nosotros está esa lucha diaria por no dejarnos arrollar por una tecnología que pareciera apuntar a crear una generación de apacibles cerebros que todo lo resuelven con un clic, sin pensar y sin reclamar sus derechos. Con un cerebro doblegado.JOSÉ CARLOS GARCÍA R.Editor Multimedia@JoseCarlosTecno Sigue toda la información de Tecnología en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.













