El matemático alemán y uno de los impulsores de la prueba PISA, Andreas Schleicher, compara la irrupción sin control en las aulas de nuevas tecnologías, con el uso, en la industria automovilística, de muñecos de forma humana, para examinar su comportamiento en una colisión; los llamados crash dummies. Posiblemente haya visto vídeos de ellos: el maniquí, en el asiento del conductor, sale disparado contra el airbag, sostenido a duras penas por el cinturón.
Schleicher utiliza esta imagen, para alertar sobre el riesgo de haber introducido, en millones de clases, herramientas "que todavía no comprendemos del todo", advierte a El Confidencial, "convirtiendo, así, a los alumnos, en crash dummies (maniquíes de pruebas de coche) involuntarios de ellas".
Cree que la mayoría de países pondrían el grito en el cielo si, de pronto, millones de niños recibieran una vacuna nueva "sin hacerse rigurosos ensayos clínicos, antes". Sin embargo, "en lo que respecta a la educación, muchos países han introducido nuevas tecnologías en millones de clases, con muy pocas pruebas sobre su impacto".
Apodado el Señor PISA, por el periódico Der Spiegel, Schleicher, que dirige el área de Educación y Competencias de la OCDE, es el rostro del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes –comúnmente conocido por sus siglas, PISA—, que desde 1999, evalúa a los niños de 15 años, en competencias de matemáticas, ciencias y lectura. Reflexiona para El Confidencial, sobre algunas de las conclusiones incómodas de la última prueba PISA, que se presentó este martes, 8 de septiembre, con la participación de más de 760.000 estudiantes de 91 países y economías.










