La prisa, cada mañana, desde que se sube la persiana, se apura el desayuno y se llega al colegio con la mochila entreabierta puede ser vista como un mero desajuste logístico, pero se trata de un hábito crucial para el desarrollo evolutivo de los niños, además de para la salud de las relaciones familiares. La vuelta a las aulas tras las vacaciones de verano puede ser el momento idóneo para restablecer buenas rutinas que también fomenten la independencia infantil.
“Es una transición de manera natural en la que se pasa del ritmo tranquilo, relajado y sin estructura del verano, a la reorganización de los horarios, de la estructura familiar, de las rutinas, de lo que era lo habitual; y este cambio puede ser un momento muy bueno para reajustar ciertas costumbres”, asegura Amaya Prado, psicóloga especialista en infancia y adolescencia. “En el desarrollo neurológico cerebral del niño es importante tener esa anticipación, le viene muy bien que algo sea previsible para procesar estos cambios con una cierta seguridad y calma”, argumenta.
La anticipación
Ajustar los horarios de descanso desde unos días antes de volver a las aulas ayuda a condicionar el organismo y a reducir el estrés previo al reencuentro con la rutina, señala la psicóloga, que destaca la importancia de un sueño adecuado desde el comienzo de las clases para que el menor sea capaz de regular sus emociones, prestar atención y afrontar la jornada escolar con tranquilidad.











