La temida vuelta al cole ya ha llegado y los consejos y claves para sobrellevarla están por todas partes. Cuando se habla de la vuelta a la rutina tras las vacaciones de verano se suele poner el foco en los niños, que deben regresar a las aulas, y en los adultos, que vuelven al trabajo y a sus obligaciones rutinarias. Sin embargo, hay otra vuelta al ritmo del día a día que se suele dejar de lado y de la que no se habla apenas: la de las personas de la tercera edad.Muchos séniors pasan el verano fuera de casa, en la playa, en el pueblo, con familiares y amigos... en otro ambiente y con otras actividades diferentes a las del resto del año. En algunos casos, supone pasar más tiempo con la familia, recibir la visita de los hijos y los nietos, por ejemplo. Para otros, es cambiar de lugar y ver a otras amistades. Pero muchos experimentan cierta ansiedad al ver que todo a su alrededor apunta hacia una vuelta a la productividad y, ahora, su etapa vital ha cambiado... Distintas realidades con algo en común: el fin del verano y la vuelta a la normalidad puede ser un momento complicado.Merche Piquero es natural de Bilbao, pero pasó buena parte de su infancia en Almería. Por eso, volver allí cada verano y disfrutar del mar es algo que espera durante todo el año. Tiene 80 años y, para ella, aunque la “vuelta al cole” no supone regresar al trabajo ni a fichar en una oficina, sí supone una vuelta a la rutina. Y también se hace un poco cuesta arriba: debe cambiar las tardes en la playa charlando con amigos de hace años por el salón de casa y la compañía de la televisión. Reconoce, también, que le cuesta menos salir a andar por el paseo marítimo que por las calles de su barrio en Móstoles (Madrid). “Las primeras semanas cuesta más; luego me voy acostumbrando e intento quedarme con lo bueno: vuelvo a la comodidad de mi casa y también a ver más a menudo a mis nietos”.La llamada depresión postvacacional está en boca de todos estos días, pero hay que tener claro que, tal y como explica la psicóloga sanitaria y directora de Psicólogos Pozuelo, Mercedes Bermejo, no se considera una depresión clínica ni está recogida en los criterios diagnósticos a nivel internacional. “Es un término coloquial que describe un malestar transitorio que algunas personas experimentan al pasar de un periodo excepcional a lo que es la vida rutinaria y cotidiana”, explica la especialista. Entre sus posibles síntomas o manifestaciones se encuentran cansancio, tristeza, apatía, alteraciones de sueño, falta de motivación, una mayor dificultad para adaptarse a las nuevas rutinas o actividades habituales y una mayor irritabilidad, entre otras. En personas mayores, este malestar no está relacionado con la vuelta al trabajo, “sino con cambios afectivos y sociales como, por ejemplo, despedirse de los nietos si han estado cuidando de ellos en el periodo estival, volver a una casa más silenciosa y perder la compañía de los hijos o de amistades”, comenta Bermejo, que apunta a que, a veces, también supone “recuperar la conciencia de una posible enfermedad o una limitación física y tener que volver a las visitas médicas”. La situación de soledad no deseada en personas mayores está detrás, en muchos casos, de esta depresión postvacacional. “No es que se eche de menos las vacaciones, sino una versión de la vida que se ha tenido en un periodo en el que suelen estar, a veces, más acompañados, con más actividad o con mayor sensación de pertenencia a núcleos familiares”, sostiene la experta.A veces, dejar atrás la vida laboral no es sencillo y la sensación de desasosiego puede acentuarse cuando llega septiembre. Jesús Gallardo tiene 66 años, vive en Cáceres y es el primer verano en el que no vive la “vuelta al cole”. Era conserje y responsable de mantenimiento en un polideportivo y se jubiló a principios de año. Aunque reconoce estar disfrutando de esta nueva etapa tan esperada, ahora, la vuelta a la normalidad después del verano le está generando cierta angustia. “Se habla en todas partes de la vuelta al trabajo, de retomar las rutinas, de la depresión postvacacional... Yo ya no tengo que volver a “producir” y, aunque es una liberación, también se hace muy raro; siento como si me faltase algo, como si todos se pusieran en movimiento y yo me quedase un poco anclado, y es extraño”.No es que se eche de menos las vacaciones, sino una versión de la vida en la que suelen estar más acompañadosMercedes BermejoPsicóloga sanitariaLo cierto es que esta sensación que tiene Jesús no es aislada y son muchas las personas que la experimentan. Una sensación, después de toda una vida trabajando, de no tener a lo que volver, aunque no es así: siempre hay actividades y rutinas que retomar, aunque no sean las mismas que se han tenido durante años. “Sé que estoy en otra etapa de mi vida, que yo ya he hecho todas las vueltas al cole que me tocaban; supongo que es cuestión de acostumbrarse”, comenta el cacereño.También son muchos los que no viajan ni cambian de lugar, pero su día a día también se ve alterado por el cierre de centros de actividades para mayores y el fin de talleres y clases. Volver a la rutina y a retomar las actividades que se hacen durante el año es importante y beneficioso. Tal y como refleja el estudio El rol de las actividades del tiempo libre en la reserva cognitiva en adultos mayores, publicado por la Universidad del Rosario (Colombia), “las actividades del tiempo libre no solo cumplen un rol significativo en la salud y la calidad de vida en el presente de la persona, sino que, además, pueden delinear cursos diferentes de envejecimiento cognitivo”. Perder esas actividades puede implicar renunciar a autocuidado, además de dejar de ver amistades y tener menos estímulos cognitivos. “Estas actividades dan una estructura a su semana. Las rutinas son importantes para todos, pero especialmente para personas vulnerables, como son los mayores. Retomarlas hace mejorar su calidad de vida, ya que, además, las relaciones y los vínculos sociales mejoran mucho el bienestar psicológico”, asegura Bermejo.Retomar las actividades en septiembre mejora la calidad de vida de los séniors.francescoridolfi.comEs importante, también, dar visibilidad a otra realidad: para algunos abuelos, la vuelta a la rutina significa volver a encargarse de los nietos. “Cuidar de los nietos es una experiencia muy positiva porque implica vínculos, afecto, estimulación, actividad y sentimiento de utilidad para las personas mayores”, como explica la psicóloga sanitaria, pero no hay que confundir eso con sobrecargar de responsabilidades y tareas a los abuelos. “Puede dejar de ser beneficioso cuando se convierte en una obligación impuesta o excesiva porque no tienen, obviamente, la energía que, muchas veces, no tenemos ni los padres, o puede ser incompatible con la salud, con el descanso o con la propia vida y rutinas del abuelo o de la abuela”. Según la experta, las investigaciones nos dicen que hay ese doble efecto: la participación voluntaria y no intensiva se relaciona con un mayor bienestar, mientras que asumir las funciones parentales permanentes puede ser una sobrecarga excesiva que empeora la salud mental de los mayores.Pedro García es un abuelo que vive a caballo entre Madrid y Jaén. Es un enamorado de sus nietos, tiene 70 años y le encanta pasar tiempo con ellos. “Disfruto mucho y me gusta saber que puedo ayudar a mis hijas cuando lo necesitan; me quedo con mis nietos si sus padres tienen que viajar por trabajo, les recojo del colegio algún día o me quedo a su cargo cuando mis hijas no pueden, y lo hago encantado”, comenta, pero admite que no podría hacerlo todos los días. “No me acompañan la energía ni la salud”. Además, explica que viaja a menudo al pueblo, en Jaén, porque tiene una casa allí y debe ver que todo está en orden. También comenta que aprovecha para ver a amigos, salir al campo, quedar para jugar alguna partida de cartas y descansar. “Hacer estas cosas también me gusta y lo necesito”. Por eso, poder disfrutar de su faceta de abuelo sin que sea a tiempo completo ni por obligación, sino por elección, es, para él, “una suerte y un regalo”.Me gusta saber que puedo ayudar a mis hijas cuando lo necesitan, pero no me acompaña la energía para hacerlo todos los díasPedro García70 años“Los abuelos tienen derecho a poner límites, a conservar su tiempo para descansar, a cuidar de su salud, a relacionarse y a poder estar en sus propios proyectos. La conciliación familiar es responsabilidad de los padres y no se puede sostener a costa de la salud física y emocional de las personas mayores”, defiende la psicóloga. Para evitar estas situaciones, es fundamental la comunicación y dejar claro, por ambas partes, cuál será la organización, en qué tareas diarias se necesita ayuda y cuáles de ellas pueden y están dispuestos a asumir los abuelos.Son las distintas realidades que trae consigo “la vuelta al cole” y a las rutinas en septiembre para muchos séniors y que, en muchas ocasiones, generan un malestar, una sensación de angustia, ansiedad y tristeza ante la que, si no se disipa en unas semanas, se debe buscar ayuda.