Caen las últimas hojas del calendario de verano y muchas personas volverán a sus rutinas después de unos días de vacaciones o de menos ajetreo. Para varios, será un momento de volver a hacer lo mismo de siempre, pero habrá a quienes se les antoje como una oportunidad para cambiar, empezar o terminar algún aspecto de su vida, al igual que sucede cuando comienza el año. ¿Por qué, nueve meses después, la sensación es parecida? “Septiembre tiene mucha relación con los nuevos comienzos. Venimos de unas semanas en las que suele cambiar nuestra relación con el tiempo, y la vuelta a una estructura más estable facilita que hagamos balance y pensemos qué queremos recuperar o cambiar”, desarrolla María Mínguez, psicóloga sanitaria, directora de Kensho Clínica y cofundadora de Clínica Ánima. Comenzar a pensar en un yo diferente en septiembre puede deberse a una idea planeada a lo largo del año o simplemente a que el verano se convierte en un periodo más introspectivo. “Septiembre hace que programe mi cabeza como un nuevo comienzo que no necesariamente coincide con el inicio de año. Lo siento como una motivación y un reseteo para ver cómo se proyectan el siguiente curso y las expectativas”, comenta Tania, de 27 años.Mínguez considera que el componente cultural que desde pequeños asociamos a septiembre es el de empezar de nuevo, como el curso escolar. “A veces, necesitamos referencias temporales que nos ayuden a cerrar una etapa y abrir otra. El problema aparece cuando ese ‘nuevo comienzo’ deja de ser una oportunidad y se convierte en un examen sobre cómo debería ser nuestra vida. No necesitamos volver de vacaciones convertidos en una versión mejorada de nosotros mismos”, matiza.A la hora de concentrarse en el objetivo, la motivación puede estar a favor, pero también puede jugar en contra si se convierte en exigencia y presión sobre uno mismo para que el cambio sea efectivo y real. “Una buena pregunta que nos podemos hacer es: ‘¿Este cambio responde a algo que necesito o que siento que debería estar haciendo?”, apunta Mínguez. Un propósito suele ser saludable cuando está conectado a una necesidad concreta y mejora nuestro bienestar. Pero la presión aparece cuando ese propósito deja de ser una elección y empieza a vivirse como una exigencia, según la experta.Según un estudio publicado en 2023 en International Journal of Social Psychiatry, una mayor distancia entre el ‘yo real’ y el ‘yo ideal’ se asoció en jóvenes con más síntomas de depresión y ansiedad, una relación que se explicaba en gran medida por menores niveles de resiliencia. Además, otra investigación publicada en Management Science (2014) observó que las personas tienden a perseguir con más intensidad sus objetivos después de determinados hitos temporales. Este fenómeno, conocido como “efecto de nuevo comienzo”, plantea que determinadas fechas pueden marcar una ruptura con los errores del pasado y favorecer temporalmente la motivación para cambiar hábitos o retomar metas. Sin embargo, ese impulso pierde intensidad con el paso del tiempo, aunque su duración varía en función del tipo de hito.“Suelo tener un alto porcentaje de éxito en la mayoría de los objetivos. Creo que es exitoso el comienzo e inicio de los propósitos porque después de descansar, aunque sea un poco, en verano, uno coge fuerza y energía para llevarlo todo adelante”, comenta Tania, a quien ponerse una fecha predeterminada le ayuda a hacerse a la idea de llevar a cabo el cambio: “Primero, mentalmente, hasta que llega el momento de hacerse real y efectivo. Aunque ha habido veces que he procrastinado, o sea que no es una regla fija”.El momento de volver a la rutina se debe entender más como una transición que como una reinvención, según indica Mínguez. “Pretender volver el primer lunes funcionando exactamente igual que antes de las vacaciones puede generar una frustración innecesaria. Además, los cambios muy intensos suelen apoyarse mucho en la motivación inicial, pero el problema es que no permanece estable”, advierte. Para la psicóloga, la clave para lograr mantener la consecución del hito radica en elegir prioridades y hacer ajustes graduales: “Los cambios sostenibles suelen construirse más desde la repetición que desde la intensidad. Y permitirnos una transición no significa falta de disciplina, sino entender que nuestro funcionamiento también necesita adaptarse a los cambios de contexto”.Una encuesta de YouGov sobre los propósitos de los estadounidenses para 2026 situó el ejercicio (25%), ser feliz (23%) y la alimentación saludable (22%) entre los objetivos más frecuentes, mientras que casi uno de cada cuatro menores de 45 años quería aprender algo nuevo. Además, otra encuesta para 2025 sobre cómo los británicos intentan mantener esos propósitos indica que un 20% de las personas solo puede mantener los propósitos un mes o menos, el 16% lo mantiene de dos a tres meses y solo un 9% dura todo el año.“Los objetivos que tienen más posibilidades de mantenerse después del entusiasmo inicial son aquellos que caben en nuestra vida real. Para que un hábito se mantenga, tiene que poder convivir también con semanas normales, días más bajos anímicamente, cansancio y falta de ganas”, explica Mínguez. En la montaña rusa que representa la consecución de un hito que comienza con un alto grado de motivación, los objetivos concretos y realistas son aquellos que mejor funcionan: “En lugar de decir ‘voy a cuidarme más’, podemos definir qué significa exactamente cuidarnos, por ejemplo. También ayuda diseñar el entorno para no depender solo de la fuerza de voluntad, como reservar un horario, preparar todo con antelación, vincular el nuevo hábito a otra rutina que ya exista o reducir las barreras que dificultan hacerlo”.El fallo es el principal problema de dejar los objetivos sin conseguir, pero todo cambia según la relación que las personas afronten con él: “Hay personas que abandonan un hábito no porque sean incapaces de mantenerlo, sino porque interpretan la interrupción como un fracaso”, lamenta Mínguez. Y aconseja: “Mantener un hábito no significa hacerlo perfectamente, sino aprender a volver a él. Quizá uno de los mejores objetivos para septiembre sea observar nuestra vida actual con algo más de atención y preguntarnos: ‘¿Hay algo que pueda hacer de una manera un poco más amable conmigo cuando vuelva a mi rutina?“.
Por qué la vuelta a la rutina tras las vacaciones llega cargada de expectativas: “No necesitamos volver convertidos en una versión mejorada”
Septiembre puede facilitar el comienzo de proyectos e hitos, pero también alimenta ilusiones demasiado grandes que a veces es difícil sostener. La motivación puede estar a favor, pero también puede jugar en contra si se convierte en exigencia y presión sobre uno mismo












