Reconozco que nunca me gustó estudiar. Darle a los codos frente a un libro de texto resultaba casi incompatible con mi naturaleza en permanente movimiento; memorizar me aburría profundamente y solo cuando había una historia de por medio los contenidos de obligado aprendizaje captaban mi atención. Con semejante actitud no habría podido avanzar en la trayectoria educativa de no ser por la pasión temprana que despertó en mí la lectura.Me gustaba leer y desde muy chico empecé a hacerlo con fervor hasta despacharme los grandes clásicos donde contaban historias capaces de atraparme y aplacar ese movimiento continuo de mi naturaleza dinámica. Les cuento esta nimia intimidad para poner en valor la importancia que tiene la lectura en la educación y el desarrollo personal. Gracias a esos libros que devoraba, saqué adelante el bachillerato y una carrera universitaria.Con la técnica de los resúmenes, que no aspiraban a obtener más allá de un aprobado ramplón, conseguí notables incorporando en los exámenes pinceladas provenientes de la literatura consumida. La lectura te introduce en otros mundos, en otras maneras de pensar y de vivir. Te abre la mente a la lógica, a la fantasía y a los sentimientos de toda índole; te obliga a reflexionar, te enseña a escribir y, por tanto, a comunicar. Esto tan obvio y tan esencial, esta riqueza intelectual que la lectura te proporciona, está perdiéndose de forma alarmante entre los chicos de ahora. El último informe PISA publicado esta semana registra una caída brutal en la comprensión lectora de los chavales que repercute además en las otras dos materias examinadas, ciencias y matemáticas.Los autores del trabajo, realizado entre los países más ricos del mundo integrados en la OCDE, apuntan varios motivos, pero sitúan en primer término la caída en los índices de lectura, lo que les dificulta la comprensión de un texto que supere las 400 palabras, un folio más o menos. Tienen serias dificultades para identificar la idea principal, reflexionar sobre la finalidad de lo que se dice; les cuesta concentrarse y seguir el relato. Se pierden e imagínense todo lo que se pierden. Enseguida de conocerse la sentencia de PISA, las banderías políticas se precipitaron a culpar a sus rivales del desastre. La izquierda señalando a las Comunidades Autónomas competentes en materia de educación por racanear en los presupuestos de educación, y la derecha acusando al gobierno de ideologizar las aulas.Posiciones siempre sesgadas que nada aportan para abordar un problema que, aunque señala especialmente a España, situándonos por debajo de la media de la OCDE, lo cierto es que afecta negativamente a los sistemas educativos de países como Japón, Corea del Sur, Estonia o Singapur, que siguen encabezando la prueba a nivel mundial. Habrá factores de todo tipo que incidan de forma localizada, como lo que cada país invierte en la enseñanza o el mayor o menor respeto al profesorado, pero hay uno que infiere de forma global y al que los expertos atribuyen la causa principal del bajón educativo: el uso abusivo de los móviles, tabletas y dispositivos electrónicos que están a disposición de los niños desde muy pequeños.Una atracción fatal por cuanto acapara su capacidad de atención, orillando la lectura que entrena la atención e incita a cavilar sobre el desarrollo de un relato y los argumentos que plantea. Si a eso le unimos el acceso a la inteligencia artificial que proporciona un resumen de Guerra y Paz en 30 segundos, la depauperación intelectual está servida. Sin lectura no hay educación que valga.
El descalabro de la lectura
La pérdida del hábito de lectura está provocando un preocupante deterioro de la comprensión lectora y el rendimiento educativo. El uso abusivo de dispositivos electrónicos agravan el problema.












