Me dispongo a escribir las 800 palabras que tienen estos artículos. Eso es más del doble de lo que pueden leer sin hacer cosas raras los jóvenes de 15 y 16 años. Por cosas raras me refiero a: saltarse frases (y no entender) o pasar por los ojos por las letras (sin enterarse).
El último informe PISA es demoledor. En España los quinceañeros obtienen 451 puntos en lectura, o sea, leen peor que la última vez que se les examinó, hace tres años. Y aquella ya fue mala. Han descendido 23 puntos. Teniendo en cuenta que 20 equivalen a un curso, en tres años han perdido uno de madurez intelectual. A este ritmo, pronto nacerán sin cerebro. También disminuye su capacidad en ciencias y matemáticas, pero me preocupa la lectura. Y no es por mi sesgo humanístico. Es porque leer no es una habilidad cualquiera, sino la operación mental que sostiene todas las demás, la llave maestra de nuestra ciudadela intelectual y cívica.














