0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialJosep Pla escribió en Les hores sobre lo que significaba la vuelta de vacaciones o para ser más exactos, lo que suponía el regreso cuando llegaba septiembre: “La gente vuelve del campo o de las playas, del desordenado y desbarajustado veraneo, un poco fatigada del aire puro, de comer judías tiernas, de incomodidades, de provisionalidades y de fatigas. Las personas habituadas al abrigo de la ciudad y a sus encantos, la naturaleza directa y cruda, a la corta o a la larga, les fatiga. La naturaleza les resulta agradable cuando es elemento, cuando se mantiene en una situación estática”. Manuel Bruque / EfePla, más allá de mostrar su aversión a las judías verdes, ironizaba sobre los barceloneses que al regresar de vacaciones sienten el irrefrenable placer de reencontrarse con la ciudad. Salen en agosto a la búsqueda del paraíso perdido en playas, praderas o bosques, pero, cuando vuelven a pisar el asfalto, toman conciencia de lo bien que están en casa. El escritor ampurdanés concluye sarcástico: “En este sentido, el veraneo tiene esta cosa buena: todo el mundo lo emprende con una gran ilusión, de una manera ávida y risueña, y se acaba con una ilusión aún más fuerte: la de volver a la calma de casa, a su monotonía”.Pla decía que la verdadera ilusión del barcelonés no era irse de veraneo, sino regresar a casaSeguramente, Pla hubiera calificado de collonades las teorías del síndrome posvacacional o del trabajador quemado (burnout) por volver a la rutina diaria, que los especialistas han desarrollado para justificar la irritabilidad, la ansiedad o la falta de concentración de algunos a los que les cuesta más de la cuenta volver a sus obligaciones. Tras unas vacaciones, debería bastar con resetearnos como lo ordenadores, a los que basta con apagar y volver a encender, para funcionar correctamente.Como recordaba Carles Casajuana, los únicos que no se han dado una tregua estival han sido los políticos, pues el griterío no ha cesado entre los incendios forestales, los áticos millonarios o el asalto a Ceuta. También decía Pla en su mismo escrito que, “después de la incoherente verbosidad estival, tan gratuita, erizada de exabruptos e interjecciones, una conversación lenta, en tono menor, discreta, es gratísima”. Pero de esto no va hoy la política. Ni siquiera durante el verano. País.