Àlex Gutiérrez Páez |
Barcelona (EFE).- El encarecimiento sostenido del alquiler y la llegada de estudiantes extranjeros con mayor poder adquisitivo forman un cóctel que aleja a muchos universitarios de Barcelona, lo que para muchos implica quedarse en el municipio de origen y asumir años de madrugones y largos trayectos para llegar a tiempo a clase.
«Hace un tiempo viví en Barcelona, pero estos años no me salían los números. Prefería quedarme en Granollers e ir en Rodalies, aunque sea una mierda y todos lo sepamos», cuenta a EFE Aina, quien tras finalizar sus estudios de Teatro este año se mudará a la ciudad condal para cursar el grado en Educación Primaria mientras compagina los estudios con dos empleos.
Su caso refleja una realidad cada vez más habitual entre estudiantes, tanto catalanes como procedentes de otras comunidades autónomas, que ante el elevado coste de alquilar una habitación en Barcelona optan por estudiar en otras ciudades o buscar fórmulas cada vez más precarias para permanecer en ella.
A partir de septiembre, Aina hará malabares para trabajar como coordinadora de comedor y profesora de teatro mientras estudia. Pagará 350 euros de alquiler por una habitación en un piso compartido, una cantidad que, sumada a los gastos y a la alimentación, se llevará aproximadamente la mitad de su sueldo.










