A mediados de junio, después de tres meses buscando, José Manuel Graiño y dos amigos dieron por hecho que habían encontrado un piso de alquiler, en Santander. Pero tras ver el anuncio, la casa, y cerrar “verbalmente ”con el propietario, “a ultimísima hora, cuando solo había que firmar, nos dijo que subía el precio, de 900 a 1.000 euros, y que teníamos que pagar un comprobante de reserva del piso”.

“Obviamente”, dice Graiño, buscaron otro piso. No estaban dispuestos a aceptar las condiciones repentinas del casero y no se lo podían permitir. Con 21 años, este estudiante de Laredo (Cantabria) está seguro de que la búsqueda de piso en 2026 para hacer cuarto año de Economía en la Universidad de Cantabria (UC), en Santander, ha sido la más complicada.

“Recuerdo que el primer año de carrera era mucho más tranquilo y había tiempo para elegir”, dice tras haber conseguido finalmente un piso al que llamaron “corriendo”, después de ver el anuncio, tras ver otros por hasta 1.100 euros, por una vivienda de 65-70 metros cuadrados, en el entorno de la UC: “Para nosotros, que somos estudiantes, es bastante el precio”, dice aunque su piso nuevo acaba el contrato en junio, “prácticamente todos son así”.