Los estudiantes más rezagados afrontan su carrera más importante: la de encontrar alojamiento para el nuevo curso académico. El alquiler de habitaciones era, hasta hace poco, una de las opciones más demandadas, pero los precios han subido tanto que es inviable para muchos universitarios. El alquiler medio de un piso compartido en España ronda los 520 euros al mes, según Fotocasa. Por eso muchos han dirigido la mirada hacia las residencias de estudiantes, aunque también hay un pero. La demanda es superior a la oferta y los precios no son nada asequibles. Un problema para los 200.000 estudiantes desplazados de otras provincias y, sobre todo, para sus familias, que son las que suelen costear los alojamientos.
A este escenario asfixiante se suma ahora la reserva digital, que adelanta y tensiona la demanda. “El estudiante ya no necesita visitar la residencia para completar su inscripción. El recorrido virtual, los testimonios de antiguos estudiantes y la web se consolidan como los principales canales de decisión”, según la última encuesta anual de satisfacción de Resa, la mayor operadora de residencias de estudiantes.
El negocio de las residencias privadas se halla dominado, mayoritariamente, por fondos de inversión. Las plazas más demandadas, Madrid y Barcelona, que concentran el 36% de las residencias, ofrecen camas por más de 1.500 euros mensuales, las más caras. Aprobar la prueba de acceso a la universidad (PAU) se convierte así en el comienzo de un calvario inmobiliario que afectará a muchos de los 1,7 millones de estudiantes de grado y posgrado. De ellos, un 18,3% hará la maleta para estudiar en una comunidad diferente a la suya y un 31,4% tendrá que cambiar de provincia dentro de su comunidad, según un estudio del Ministerio de Innovación, Ciencia y Universidades. Eso si encuentran la habitación que se ajusta a su bolsillo.









