Conseguir piso en septiembre se ha convertido en una tarea cada vez más complicada y, sobre todo, más cara. Los altos precios del alquiler, junto con la escasez de oferta, terminan condicionando los planes de estudio de miles de jóvenes, que suelen depender de becas y del apoyo familiar. Esta angustia se refleja en las encuestas: el último barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) apunta a la vivienda como el principal problema para las personas de entre 18 y 24 años.PublicidadFrente a este escenario, quienes tienen la posibilidad se adelantan para cerrar contratos en julio y agosto, o incluso antes. Esta crisis deja imágenes insólitas: colas kilométricas de estudiantes, visitas masivas a pisos o búsquedas a la desesperada en redes sociales. En Santiago de Compostela ya es tradición la estampa de decenas de alumnos acampando en la calle para ser los primeros en entrar a las inmobiliarias.La capital gallega es uno de los principales núcleos universitarios del país, pero los mismos problemas de vivienda que sufren sus habitantes se los encuentran cada año quienes eligen este destino académico. El precio de alquilar una vivienda completa ronda entre los 625 y los 650 euros de media, según los últimos datos del Observatorio da Vivenda de Galicia (IGVS). Aunque esto supone un incremento de casi 100 euros en apenas dos años, la cifra se mantiene todavía muy por debajo de lo que se paga en otras ciudades.En todas estas urbes se produce un efecto "mancha de aceite": los estudiantes se ven desplazados a barrios cada vez más alejados de los campus o abocados a fórmulas como el coliving, una alternativa muy extendida en Barcelona que los sindicatos de inquilinos llevan tiempo denunciando. Las empresas dedicadas a este modelo de arrendamiento temporal siguen un modus operandi similar: compran inmuebles enteros, desalojan a los vecinos y los reforman para operar como residencias privadas. Sin embargo, no ofrecen una solución asequible: la renta por una sola habitación oscila habitualmente entre los 700 y los 1.000 euros.Al margen de estas fórmulas, las asociaciones estudiantiles madrileñas denuncian que la subida constante de los arrendamientos camina en sentido inverso a la calidad de los pisos. El caso de Borja, que ha estudiado un carrera y un máster en Madrid, ilustra este deterioro: en siete años ha pasado de pagar poco más de 300 euros en el centro a superar los 600 en el barrio de Usera, en la zona sur de la ciudad. "Me he mudado hasta cinco veces y me he encontrado con humedades, olores de la calle, muebles viejos y caseros que se desentendían de las averías", relata. A eso sumó otro abuso recurrente: la no devolución de la fianza completa en ninguna de estas ocasiones, lo que le obligaba a adelantar más de 1.000 euros extra en cada cambio. PublicidadUnos precios que complican la movilidad internacionalLo que durante años fue una de las grandes ventajas competitivas de España —un coste de vida relativamente asequible— amenaza hoy con frenar la llegada de talento universitario extranjero. Según un informe reciente sobre movilidad estudiantil y el mercado inmobiliario internacional impulsado por Spain Education Programs e ICEX, casi un 30% de los alumnos internacionales sitúa ya la vivienda como un criterio determinante a la hora de elegir destino.Además, el estudio El impacto económico de los estudiantes internacionales en España, elaborado en 2024 por estas entidades, advierte de que el gasto medio mensual de vida y ocio para estos estudiantes en las principales ciudades receptoras se ha disparado de 885 a 1.500 euros en apenas cinco años (entre los cursos 2018-2019 y 2023-2024). Este sobrecoste, señalan los autores, puede comprometer la atracción de alumnado en un sector que genera un retorno anual superior a los 6.300 millones de euros para la economía estatal.El impacto de estas cifras en la vida cotidiana de los estudiantes se refleja en casos como el de Emanuele. Este joven italiano llegó a Madrid hace dos años para hacer un Erasmus en la Universidad Carlos III. Aunque ya le habían avisado de que sería bastante difícil encontrar piso, lo que se topó fue mucho peor de lo que podía imaginar. "Estuve unas semanas en un hostal y me puse a buscar por Idealista, en grupos de WhatsApp, Facebook… Al final, el primer piso que encontré costaba 620 euros la habitación. La idea era quedarme seis meses y estuve casi un año", relata. Después de casi 15 visitas a pisos en menos de una semana, esta fue su mejor opción. El cuarto era muy pequeño y tenía que compartir una pequeña cocina y un baño entre cinco personas. Dos de sus compañeros ni siquiera tenían ventana en la habitación.PublicidadDe aquella primera experiencia pasó a un piso compartido con otros siete inquilinos. Todos eran italianos de edades muy distintas, e incluso en una de las habitaciones vivía una mujer de 70 años con su hija. El precio era algo más accesible: 440 euros con gastos incluidos. Tras esta amarga estancia, ha conseguido trasladarse a un piso más pequeño en las afueras de Madrid que comparte con un amigo, por el que paga 520 euros al mes.En cuanto a la movilidad nacional, el estudio Perfil socioeconómico del estudiantado universitario en España, elaborado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, alerta de que los aumentos en los costes de la vivienda pueden incrementar las desigualdades. Al analizar el perfil familiar de los alumnos que se desplazan a otras provincias, el informe constata que la movilidad es significativamente mayor entre quienes tienen progenitores con ocupaciones altas (65,3%) o estudios superiores (61,9%). Esto significa que el origen familiar es cada vez más determinante en la proyección profesional. Hay que tener en cuenta que, según una investigación realizada por el Consejo de la Juventud de España, siete de cada diez jóvenes entre 16 y 24 años figuran como "inactivos" — no trabajan ni buscan empleo—, por lo que dependen del poder adquisitivo de sus familias para hacer frente a sus gastos. Esta situación se produce en un contexto en el que el alquiler por habitaciones ha crecido un 85,4% desde 2022 y el precio medio de una habitación alcanza ya los 400 euros mensuales, según recuerda esta organización. Además, el Consejo advierte que esta modalidad de convivencia ha dejado de ser parte de una etapa vital a convertirse en la única alternativa para miles de trabajadores. El auge de las residencias y colegios mayoresEl coste excesivo de compartir piso está convirtiendo los colegios mayores y las residencias de estudiantes en una opción cada vez más atractiva. Para impulsar este modelo, a finales de 2025 el Consejo de Ministros aprobó una medida para obligar a cada nueva universidad que se inaugure en España a ofrecer plazas de alojamiento equivalentes al 10% de su alumnado. Ciudades como Bilbao o Santiago de Compostela son un claro ejemplo de este modelo, con ofertas tanto públicas como privadas.Tanto Emanuele como Borja han estudiado en la Universidad Carlos III, que cuenta con una famosa residencia de estudiantes a pocos metros de su campus de Getafe. Ellos en ningún momento llegaron a plantearse esta opción, aunque la diferencia de precio frente a un alquiler es cada vez más reducida. Además, esta modalidad ofrece algunas ventajas, como servicio de limpieza o la posibilidad de tener pensión completa. "Cuando yo estudié era carísimo. Iba gente con mucho dinero, porque cuesta unos 1.000 euros al mes aproximadamente. Ahora bien, tal cual está ahora Madrid, si le sumas al alquiler de una habitación los gastos de luz, internet, comida... Puede salirte rentable", comenta Borja.
El precio del alquiler pone en jaque décadas del sistema Erasmus y de movilidad universitaria
La crisis de los alquileres amenaza la movilidad estudiantil, tanto interna como extranjera, e impulsa las residencias de estudiantes como una opción cada vez más rentable....






