¿Se puede prohibir cenar en la calle? ¿Quién tiene derecho a disfrutar –y ocupar– el espacio público? Son preguntas que rondan en torno a varios fenómenos que han sido noticia este verano. En Donosti, desde hace más de seis años, la asociación Kaleko Safari Solidarioak (KAS) se ha encargado de organizar cenas calientes para personas sin hogar. Ahora se lo han prohibido. En València es tradición salir a cenar al paseo marítimo. Nunca han tenido problema, pero este año se les ha puesto en el punto de mira. Esta práctica, la de comer a la fresca y en comunidad, también la están realizando los vecinos de Mallorca, en este caso, para denunciar que están siendo expulsados por el turismo.PublicidadEn la capital valenciana se ha viralizado la queja de un hostelero sobre la tradición de sacar las sillas y mesas de camping al borde del paseo marítimo para cenar a la fresca en verano. Es algo que se hace en el barrio desde siempre, aprovechando los polletes que separan la acera de la arena. Aunque no es la opinión mayoritaria del sector hostelero —que no ha tardado en desmarcarse de las declaraciones—, han generado mucha indignación en redes sociales los comentarios de este propietario calificando la práctica de "tercermundista" y dando a entender que daba mala imagen a los turistas.Curiosamente, en el lado contrario hay cada vez más valencianos que denuncian cómo los bajos turísticos utilizan las calles como patios donde cenar o tender la ropa. Incluso desde la Federación de Asociaciones Vecinales llevan tiempo exigiendo que se acote y deje de ampliarse el espacio dedicado a las terrazas dentro del casco histórico.En Baleares, desde hace un par de años, también han dado que hablar los "sopars a la llesca". La plataforma Brunzit reúne los miércoles a cientos de mallorquines en distintas plazas turistificadas de la ciudad de Palma de Mallorca como un acto reivindicativo contra la masificación y la expulsión de los mallorquines de la isla. La iniciativa ha sido un éxito y cada vez reúne a más personas que cenan en comunidad y organizan conciertos, proyecciones de películas y todo tipo de actividades.PublicidadEl último encuentro congregó a más de medio millar de personas en la plaza Mayor. La última cena se ha organizado este miércoles 26 de agosto, con un planteamiento algo especial. En vez de comer sentados, se ha organizado un paseo por la zona del Born. "En Palma había un paseo que era más que eso, una zona de paseo familiar y un lugar de reunión de muchos jóvenes de Ciutat. Muchas recordamos pasar la tarde, encontrarnos con amistades...", rememoran los organizadores. "Actualmente se ha convertido en una zona cubierta de terrazas, con ni más ni menos que 130 metros cuadrados cubiertos por mesas y sillas destinados a un cliente que puede pagar precios desorbitados para el bolsillo medio de los trabajadores de la isla", concluyen, invitando a acudir con los abuelos y abuelas para despedir el verano "paseando la ciudad que amamos".Aunque el Ayuntamiento nunca se ha posicionado en contra, la plataforma sí se ha enfrentado al malestar de los hosteleros. El objetivo de estas jornadas, que se realizan bajo autorización municipal, es generar un debate sobre los usos y el disfrute del espacio público, por lo que, cuando se organizan, los bares y restaurantes suelen verse obligados a retirar sus terrazas. Desde la patronal que engloba al sector mallorquín han pedido al consistorio que evite que se interrumpa su actividad comercial mientras se celebran estas cenas. El planteamiento de los "sopars" baleares es similar al valenciano, pero más masivo, organizado y puramente reivindicativo. Los participantes se organizan a través de un canal de WhatsApp que cuenta con más de cuatrocientos miembros. Cada semana cambian de ubicación y quienes acuden llevan sillas, mesas y algo de picar. El objetivo, recuerdan, es claro: "Somos un colectivo de personas que han decidido organizarse para visibilizar el malestar que sentimos al vivir en un territorio donde la gente que vive no es la prioridad del sistema político y económico". PublicidadEn las fiestas populares del barrio de Lavapiés de este año algunos colectivos replicaron la propuesta: colocaron una lfila larga de mesas con sillas para que los vecinos que quisieran pudieran acercarse a hacer vida de barrio y poner sus preocupaciones en común, como se hacía antes. Recientemente, en Zaragoza, se ha confirmado la multa a una vecina del barrio del Torrero por imitar esta forma de disfrutar de la calle tan tradicional. Como solían hacer todos los veranos, durante las fiestas patronales de la barriada, una veintena de vecinos organizó una cena de hermandad en la calle Esperanza. Por este motivo fueron multados, abriéndose un procedimiento administrativo que llegó a ser debatido en el pleno del Ayuntamiento.Prohibido repartir comida en Donostia "Mientras las calles se llenan de terrazas, turismo y consumo, parece que el problema es el carro en el que alguien lleva comida para personas que tienen hambre", denuncian desde la asociación donostiarra KAS. La intención de esta plataforma hasta ahora era ofrecer comida caliente y un ambiente cercano a casi 300 personas sin recursos. No se trataba solo de dar de comer, sino de generar vínculos. "Vimos un grupo de chicos pasando frío en la calle, les preguntamos qué querían y nos respondieron que una comida caliente. Así empezó todo. Cada vez éramos más y fuimos ampliando las zonas de reparto", explica Gema, una de sus voluntarias. Las propias vecinas cocinan la comida en sus casas y la bajan a la calle en ollas o tápers. Sin embargo, el Ayuntamiento de la ciudad ha prohibido recientemente estos encuentros alegando "falta de licencias para operar" y "problemas de seguridad", según habrían concluido en base a tres informes. Como respuesta a esta restricción, el consistorio ha aumentado en un centenar las plazas del servicio Otorduak, que ofrece comida en establecimientos a las personas que no necesitan. La asociación cree que las plazas siguen siendo insuficientes y subrayan que llevan años exigiendo que se habrá un comedor social, en vez de impulsar este tipo de iniciativas que no ofrecen comida caliente y en un lugar resguardado. Además, insisten en que todavía no se ha implementado la medida y que con el primer servicio Otorduak hubo problemas para encontrar hosteleros que se sumaran al programa.Como alternativa a la prohibición, varias voluntarias han llenado sus carros de la compra con bocadillos y los reparten personalmente a quienes no tienen nada que comer. "Lo han hecho por voluntad propia, porque son muchas años y ya conocen a los chicos y querían hacer algo", cuenta Gema. Aseguran que, a pesar de que esta actividad no ha sido prohibida, están siendo perseguidas e identificadas diariamente por la guardia urbana, y que les han amenazado con ser denunciadas. "Juegan con el miedo, nos quieren desmovilizar y desgartar poco a poco", lamenta. Otra de las voluntarias relata que hace pocos días bajó a repartir ocho bocadillos a unos jóvenes que le habían pedido algo de comida. Tras entregar cinco de ellos, fue "abordada" por unos agentes quienes, de acuerdo a su testimonio, le explicaron que el motivo de la identificación era que "dar bocadillos está prohibido". De igual manera, le manifestaron que estaban tramitando posibles multas por "uso indebido del espacio público". "Ante esta situación, pregunté si no podía dar comida a ninguna persona que me la solicitase. Los agentes me indicaron que sí podía hacerlo, por ejemplo, cuando se tratase de una persona que estuviera pidiendo en la calle. Sin embargo, los agentes me indicaron que no podía dar comida a un 'colectivo'", añade. PublicidadLa noticia ha indignado a los vecinos de Donosti y el KAS se ha encontrado con el respaldo de decenas de asociaciones locales. Hace unos días salieron a las calles a manifestarse con sus cacerolas y utensilios de cocina en la mano. Desde la oposición también se ha criticado duramente la norma y Elkarrekin estudia ir a los tribunales. Además, el grupo político recuerda que la resolución solo afecta a las cenas y que ninguna ley prohíbe dar comida a otra persona a título personal.