0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialLa fiesta mayor de Sitges acabó con un acto que, de cara al futuro, se podría incorporar al programa oficial: la batalla campal de menores que destrozan y queman mobiliario urbano y se enfrentan a la policía. Incluso se podrían fundar colles –joven, vieja– con un merchandising propio que defienda esta variante de ocio neotroglodita. LVAprovechando el final del último concierto de la fiesta, los participantes intercambian excesos de testosterona –el 99% son machos– y deciden que una fiesta mayor tan arraigada como la de Sitges (con una tradición secular de asociacionismo, una alta participación ciudadana y recursos institucionales que dan sentido a la idea de servicio público) acabe fatal. Evidentemente, la intervención de la Policía Local y los Mossos siempre resulta insuficiente y suele desembocar en un balance, “Ni heridos ni detenidos”, que debería ser positivo, pero que –no deja de ser curioso– no acaba de serlo.La batalla campal podría incorporarse al programa de actos de la fiesta mayorEs una de las contradicciones del orden público democrático: los expertos dicen que a veces se le defiende mejor con una pasividad proporcional que con la lógica de la contundencia reactiva. Conscientes de que este es el talón de Aquiles de la convivencia, los bárbaros actúan desproporcionadamente. En Sitges –como en tantos pueblos y ciudades y como consecuencia de una degradación del espacio público que hace décadas que dura y que los vecinos no han dejado de denunciar– se perpetúan unos códigos de violencia gratuita y recreativa. Una violencia que enseguida se reconvierte en contenido en TikTok para, supongo, inspirar a otras comunidades de bárbaros narcisistas.No toda la violencia de estas batallas es arbitraria, sino que, espontáneamente, se establecen bandos que atizan odios (contra enemigos reales o imaginarios, contra policías, contra el mundo). Un odio que, excepcionalmente, atrae a los turistas borrachos más hiperactivos, que encuentran que lanzar sillas a la policía y quemar contenedores para acabar la noche es una de esas cosas que no pueden hacer en sus países. ¿Son migrantes los bárbaros? También los hay, quizá porque si ven que a los adolescentes indígenas y a los turistas se les tolera este vandalismo recreativo, ¿por qué ellos no iban a apuntarse a la fiesta como un acto de integración?
Los bárbaros de Subur, por Sergi Pàmies
La fiesta mayor de Sitges acabó con un acto que, de cara al futuro, se podría incorporar al programa oficial: la batalla campal de menores que destrozan y queman mobiliario urbano y se enfrentan a la policía. Incluso se podrían fundar colles –joven, vieja– con un merchandising...










