Martina Alfuso genera actividades en bares de barrio y apuesta a las relaciones para combatir el aislamiento de las pantallas22 de agosto de 202607:009'minutos de lectura“La resistencia hoy es no tener una cuenta de Instagram, podes decir: vayamos al cine, y dejemos de ver Netflix”, sostiene convencida Martina Alfuso, licenciada en Letras y creadora de Bar de Viejes, una comunidad que logró trascender la pantalla del celular hasta convertirse en un movimiento cultural que involucra a miles de personas y tiene como principal objetivo llenar los bares olvidados de los barrios y darles una segunda oportunidad en una realidad económica que los tiene en jaque. “En esta realidad resquebrajada y rota estamos buscando desesperadamente algún sentido, una señal para salir del algoritmo, para poder hablar”, dice Alfuso. En 2018 encontró la suya. Creó su cuenta de Instagram y transformó el algoritmo en una acción humana que modificó la realidad de los bares del arrabal porteño. “Lo imprevisible sucede en un bar”, cuenta. Desde ese año ella y su comunidad llevan mapeados más de 1300 bares de CABA, Argentina, Brasil y Uruguay. Cada 15 días, 3000 suscriptores reciben en su email el boletín Voy al Bar, en el que Alfuso transmite el fundamento teórico de su proyecto, vinculado directamente al movimiento y la acción. Crítica de la omnipresencia de las pantallas que no dejan espacio a la improvisación, su salida la encuentra en hallar la soberanía de pensamiento crítico en los pocos huecos que dejan las apps. “En los bares aún existen los acontecimientos, eso que no se planea ni se controla”, afirma Alfuso. Martina Alfuso es la creadora de Bar de ViejesDesde 2021 ha intervenido activamente 34 bares con su ciclo Bar Abierto que ha tenido un sentido federal, porque se han producido en Córdoba, Rosario, La Plata y Mar del Plata, y que en CABA ha abarcado toda su geografía en bares de barrios como Devoto, el Café de García o el Florida Garden, en Retiro. Su idea tiene este año una evolución: El Club Atlético Bar de Viejes. El 14 de noviembre hará una fiesta en el Club Villa Malcolm (Vill Crespo) para celebrar el proyecto junto a su comunidad, pero también para relanzarlo. En una primera fase ya tiene diez bares miembros, donde se desarrollan actividades. “Tenemos que generar espacios donde nos encontremos”, dice Alfuso. Su obsesión: que estas islas de bohemia y felicidad efímera, hecha de mesas, café y mostradores con madera lustrada por el lento y musical paso del tiempo, no cierren y sean los territorios donde los habitantes de la ciudad puedan reconocer una mirada, un gesto amigo, la maravilla de lo inesperado. “El algoritmo sólo te muestra lo que se parece a vos, a tus gustos, no te permite experimentar, ni sentir la alteridad”, critica Alfuso. “Los bares son una red social, no una digital. Todavía hay espacio para la sorpresa”, agrega. El cerebro“Nuestro cerebro no está funcionando como le estamos proponiendo que funcione: atendiendo múltiples estímulos en forma simultánea. Es necesario volver a hacer sólo una cosa por vez”, sostiene Alfuso. Entonces proclama su resistencia: la lectura en papel, leer noticias en la edición impresa de los diarios, resolver crucigramas, leer un libro, abandonarnos a la posibilidad del asombro y lo que no está geolocalizado por los algoritmos de las apps. Apunta contra la supremacía del click. “Existe una ficción de actividad, sentís que estás haciendo, cuando en realidad no hacés nada, sólo reposteas stories”, argumenta. Bar de Viejes y la propia Martina proponen desacelerar. Entonces tomar un café o un vermut se vuelve una tarea necesaria para recuperar la humanidad y conseguir hallar un hueco de evasión delante del imperio digital. “¿Para qué queres llegar rápido a tu casa: para scrollear? No tiene sentido”, dice Alfuso. Bar de Viejes es una iniciativa para proteger los bares de barrioMartina está sentada en el Bar Comet. Avenida Belgrano y Paseo Colón, el corazón del Bajo porteño, la esquina tiene más de cien años, las nubes eternas del invierno en el sur del mundo, dejan pasar una luz melancólica, un teléfono público sobrevive al asedio táctil, cuesta imaginar a una persona buscando monedas para hablar, pero ahí está, útil y en vigencia: un teléfono hecho para hablar. “La tecnología del bar tiene potencia: una taza es un desarrollo tecnológico de la humanidad”, reflexiona Alfuso. Los mozos del Comet tienen una base de tres décadas de atención. “Martinita”, la llaman estos hombres ajusticiados por el trópico de las noches de una Buenos Aires que se resiste a desaparecer. “Ella hace que la gente venga al bar”, dice Pedro. Hace 33 años trabaja ahí, es correntino y apunta que hace pocos días se hizo la Fiesta del Mbaipy en su provincia. Y en pocos minutos se anotaron 900 pescadores en la del Dorado. Cosas del bar: en El Bajo hablando de cocina guaraní y la costa del Paraná. “Es mi mozo en el Comet”, dice Alfuso. Ese sentido de pertenencia a un núcleo familiar es la base sentimental de Bar de Viejes. “Ella es como un viejo bolichero: siempre está”, completa Pedro, sonriente. Parada favoritaEste bar es una de sus paradas favoritas, frente a las plazas Juan Domingo Perón y la de Armas del Ministerio de Defensa, su nombre hace honor al primer avión de pasajeros a reacción que tuvo Aerolíneas Argentinas, el De Havilland DH 106 Comet IV. Fue un antes y después, llegó al país en 1959. También aquí sucedieron oscuros momentos: secuestro de personas en los años más duros de la última dictadura. “¿Cuántas vidas tiene un bar?”, se pregunta Alfuso y cita a Barthes en su obra Los cuerpos que pasan: “Los bares me dejan en un estado de ocio, de irresponsabilidad y como flotando: todo el mundo está allí, nadie me pide nada y yo salgo ganando por los dos lados: en el bar”. Martina Alfuso rescata y le da una segunda oportunidad a los bares de barrioSoledad Aznarez“Sobre todo es un espacio para explorar formas de contención”, afirma Alfuso. “La necesidad de encontrarse es muy grande, aún no salimos de la pandemia”, confiesa quien, en los comienzos de su proyecto, cuando recién abrió su cuenta de Instagram en 2018, eligió el anonimato. Nadie sabía quién estaba detrás de Bar de Viejes. Por tratarse de una cuenta que difundía viejos bares jamás se puso en duda que el creador del proyecto era un hombre, ¿cómo una mujer podía animarse a caminar por esas esquinas marginales? En algunas entrevistas, ella optaba por distorsionar su voz. Las ideas crecen y necesitan de un rostro donde fijarlas. Abandonó la clandestinidad voluntaria para aplomar en forma definitiva su idea de poblar los bares. En 2021 activó su “brazo armado”, el ciclo Bar Abierto. En cada una de estas activaciones reúne un promedio de doscientas personas en bares donde regularmente se cuentan con las manos el número de clientes. Allí une los mundos que se cruzan en el guion sensible de la bohemia. Música, literatura, poesía, fotografía, activismo y sobre todo la posibilidad del encuentro. “Necesitamos conectarnos con algo que suceda en la mesa de un café. Se crea una educación sentimental y social”, asegura Alfuso. Solitarios peregrinos de la ciudad, artistas y personas que van tomar un vermut, comer una picada y practicar el antiguo arte de conversar y compartir el guiño de la felicidad. El entusiasta público que convoca Martina. En 2023 Bar de Viejes fue declarado de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Poco tiempo después muchos de los bares en donde ella puso su mirada y tiempo, han cerrado, algunos lo han hecho y vuelto a levantar las persianas y todos están en una situación comprometida. La crisis económica, sobre todo la baja el consumo, los apunta directamente, las columnas que los sostienen han sufrido demasiado terremotos financieros y sociales.Los Laureles es uno de los bares que cerró por la crisisRicardo Pristupluk“La situación ha empeorado”, dice Alfuso. A fines de diciembre de 2025 realizó una encuesta entre los bares miembros de su red, y desde aquel año hasta fin del año pasado el consumo había bajado 40%. “No hay ninguna mejoría”, confiesa Alfuso, preocupada y con razones. La Buena Medida, de La Boca, cerró a fines del año pasado. Los Laureles, de Barracas, está en venta y recientemente el Café Río anunció que cerraba. Los dos primeros, Bares Notables. Referente de este mundo de esquinas centenarias que sostienen la identidad barrial y de una ciudad que ha hecho del acto de sentarse a tomar un café una religión, son los propios propietarios de los bares quienes la llaman y, sobre todo, es ella quien habita a diario estos refugios de una humanidad que está en extinción. “Ahora el que toma un café no almuerza, hay que elegir, es uno o el otro”, afirma Alfuso. “Son comercios que tienen poca muñeca para entender cómo gestionar esta crisis”, completa. “Es una nueva etapa”, dice Alfuso sobre su Club Atlético Bar de Viejes. La idea es sencilla pero poderosa y contrahegemónica: propone volver al bar para hacer algo más que tomar un café: aprender a coser, escribir o improvisar música junto a otras personas. Sobre todo “fortalecer el vínculo entre las personas y los cafés como patrimonio vivo, entendiendo al bar como un espacio de sociabilidad y construcción colectiva” El Florida Garden forma parte de la red de baresfabian-marelli-11419 - LA NACIONEl Club ya es un hecho y en 2027 va a tener una cartelera y un calendario fijos de actividades, aunque ya tiene una: Taller participativo de costura con Flor Dacal, Taller de lectura y escritura creativa con Belén Nahuz y Encuentro de improvisación musical con Sami Abadi, cada uno en un bar diferente. La realidad y esa necesidad de encuentro le ganó a la agenda que se había fijado. “Vivimos en un mundo de gente rota, se han roto todos los vínculos, y el bar es aún un lugar donde hay personas con caras diferentes en un mundo que nos quiere todos iguales”, dispara Alfuso. Todas las personas que quieran asociarse, pero también bares que deseen formar parte esta red social humana y sobre todo, los que sientan el compromiso de ayudar al proyecto que tiene un impacto directo en los bares de la ciudad, lo pueden hacer desde su cuenta de Instagram (@bardeviejes). El Bar Comet es el escenario que elige Alfuso para pensar sus próximos pasos, también suele estar en el Miami de Congreso. Su rutina es sencilla y previsible para una mujer que ve el mundo desde el ventanal de un viejo bar. Siempre se sienta en la misma mesa, sobre su mirada está la señal de milagro que necesitan -y esperan- muchos bares de la ciudad. Anota sus ideas en una pequeña libreta, su celular, un modelo demodé, no tiene pretensiones de cambio. El mozo antes de traerle el café le cuenta las novedades del día. “Eso es un bar, un lugar donde la vida sigue ocurriendo”, confiesa Alfuso. Por Leandro Vesco