"Los vascos aquí ya no vienen a por pintxos. Hemos convertido San Sebastián en Benidorm". Se ha hecho viral un vídeo del periodista gastronómico Alfonso Ortega, más conocido como Cocituber, en el que denunciaba en redes sociales un fenómeno que, al igual que en Donosti, se repite en gran parte de los cascos históricos de España: la saturación y sobreexplotación turística de sus calles más tradicionales.PublicidadDesde la plataforma Bizilagunekin sitúan la exposición de este fenómeno algo más de diez años atrás. Asier Basurto, uno de sus portavoces y autor del libro Turismoa. Desazkundera bidaia, cree que uno de los motivos detrás de la masificación turística es, justamente, la promoción de la ciudad en redes sociales. Un influencer publica un vídeo de "los lugares más top para tapear" y acto seguido se generan colas kilométricas. "La primera vez que pasó, lo tomamos por sorpresa, pero ya se ha convertido en la norma. La tarta de queso, la tortilla…", asegura.El trasfondo detrás de estas anécdotas es la pérdida de identidad cultural, la expulsión de los vecinos y una incomodidad generalizada para moverse y hacer "vida" en los centros históricos. "Los donostiarras de las afueras o la gente de provincia que solía venir a hacer compras o pasar un día están dejando de hacerlo. Y esto es porque cada vez te sientes más extraño en los lugares de siempre", lamenta. Ruido, basura, un espacio urbano conquistado por la hostelería, precios disparados… estos son algunos de los efectos que más se repiten. Desde personas que no encuentran un banco donde sentarse a niños que no tienen una plaza donde jugar."Donosti es una ciudad que recibe turistas desde hace dos siglos y son parte de ella, pero la aceleración que estamos viviendo ahora es insólita y todas las consecuencias negativas en los ciudadanos se están multiplicando", subraya Basurto. Para el escritor, el problema del turismo de masas es estructural y tiene sus raíces en una promoción turística excesiva, especialmente en el plano internacional, que no ha ido acompañada de una planificación adecuada. "Toda esta gente viene porque vendes autenticidad y es justamente lo que estamos perdiendo. Estamos convirtiendo esto en Disneylandia o pintxolandia".PublicidadBizilagunekin publicó este miércoles 17 de junio el informe Etxeak Bizitzeko sobre los efectos de la turistificación en la ciudad. Entre 2015 y 2025 la ocupación hotelera ha aumentado más del 76% en Donosti y el número de establecimientos de gama media-alta se ha incrementado en torno al 90%. Al mismo tiempo, la llegada de visitantes extranjeros se ha disparado por encima del 120% y se aprecia una evolución hacia la "elitificación del modelo turístico". Otra tendencia que está cambiando es la estacionalización del turismo, con datos considerablemente altos en cualquier mes del año.El documento también subraya la relación entre este mercado y la crisis habitacional. El precio medio del alquiler supera los 18 euros/m² mensuales y el esfuerzo económico que las familias destinan al acceso a la vivienda representa alrededor del 37,9% de sus ingresos. Además, aproximadamente el 16,4% del parque inmobiliario donostiarra –unas 15.500 viviendas– no corresponde a primeras residencias.La 'disneyficación' de las ciudadesUno de los términos que se ha utilizado para definir este proceso es, precisamente, disneyficación. Este nombre tan característico explica cómo gran parte de los centros históricos de las ciudades, tanto en España como en otros muchos países, se están convirtiendo en parques temáticos pensados para los extranjeros. Decorados vacíos de gente donde cada metro cuadrado está pensado para el consumo.Publicidad"En muchos lugares de Europa, y eso nos incluye, la salida de la crisis de 2008 se hace en clave turística. Se deja atrás la construcción y este sector se convierte en el nuevo motor de la economía. Ahí tenemos el origen", señala el experto en urbanismo José Mansilla. Este nicho de mercado presentaba algunas facilidades: no precisa de muchos recursos para ponerse en marcha, ya que muchas veces se basa en el marketing y la promoción, e implica a muchos negocios, pequeños y grandes.La expansión del negocio de Airbnb y las ofertas de vuelos low cost también han ayudado a avanzar en esta senda. Según señala Mansilla, este cambio de modelo ha tenido especial incidencia en las ciudades medianas y capitales de provincia: "Eran sitios destinados a visitas culturales o de negocios, pero se ha hecho una promoción sin planificación. Estos ayuntamientos nunca se vieron a sí mismos como potenciales víctimas de la masificación y se dejó al mercado campar a sus anchas ".Pamplona, Zaragoza o Logroño son buenos ejemplos de esta dinámica. Desde hace años las asociaciones de sus barrios más céntricos denuncian que sus calles no dan para más, que se sienten simbólica y físicamente expulsados. La excesiva promoción de los bares zaragozanos de El Tubo ha convertido estas calles en una auténtica ratonera los fines de semana. Lo mismo sucede en la calle Estafeta (Pamplona) o en la calle Laurel (Logroño), donde se concentran más de medio centenar de bares en apenas 300 metros."En Logroño siempre ha habido turismo y es bien recibido, pero el problema es el modelo que se está fomentando y, sobre todo, las despedidas de soltero", critica Mercedes, vecina de la localidad. "Estuve en Laurel hace unas semanas y no se podía cenar por el ruido de la conga, el megáfono... La gente ya piensa que la calle Laurel es de fiesta y no, es de tapear. Además, no conocía a nadie, que es algo muy extraño en esta ciudad", añade esta riojana, que denuncia una subida de precios generalizada y confiesa que la gente local se ha "exiliado" a otras zonas.A pesar de que se han tomado medidas para evitar los disturbios derivados de estos viajes prenupciales, el fenómeno no para de crecer. Muchos bares y alojamientos turísticos ya no permiten la entrada de personas disfrazadas o de grupos grandes, al tiempo que se ha limitado el ruido y el horario en el centro de la ciudad. Otras urbes, como Málaga o Sevilla, han endurecido sus ordenanzas municipales en esta misma dirección.La tradición del tapeo logroñés es tan antigua que existen hasta "leyes del buen laureador": no sacar los taburetes fuera, que sólo entre uno a pedir a la barra, compartir las mesas… "Yo estoy muy orgullosa del barrio y de mi ciudad, por eso no quiero que se lo carguen", concluye Mercedes. Una encuesta del periódico local Rioja2, realizada en 2025, revelaba que un 75% de los logroñeses estaban a favor de intervenir para frenar la transformación de su corazón gastronómico. Un 64% de los encuestados consideraba que "se estaba perdiendo su esencia" y un 71% culpaba al turismo masivo.Publicidad"Donde antes había vecinas ahora hay lockers", denuncia la plataforma Albayzin Habitable, compuesta por residentes de este barrio histórico de Granada. Llevan tiempo advirtiendo con todo tipo de campañas de que "este modelo turístico está matando la zona". Sus miembros se organizan para hacer redadas e identificar los pisos turísticos ilegales, incluso han organizado "tours" de la especulación para dar a conocer las dificultades que atraviesan.En Málaga, además de arrastrar unas subidas de alquileres récord, están viendo cómo cierran las tiendas de toda la vida y cada vez es más difícil pagarse un café o encontrar una pescadería. Los locales de los bajos están dando paso a nuevos apartamentos –es la segunda urbe con mayor número de pisos turísticos– y tiendas destinadas al público extranjero.Publicidad"Nosotras ya hablamos de un proceso de colonización porque el turismo está suponiendo una pérdida de identidad. Hay otro término que se está acuñando que es el de duelo urbano. Es esa sensación de tristeza y soledad porque ya no tienes vecinos y no puedes tender la ropa en la terraza, como ahora en Torremolinos", cuenta Carmen, vecina y miembro de Málaga por la Vivienda. Lejos de mejorar la situación, expone la militante, año a año la vida se va complicando: "Por eso el próximo 27 de junio hemos convocado una manifestación en la Plaza de la Merced"."El alza de precios de las viviendas, la proliferación de pisos turísticos y la tematización de los cascos viejos como lugares de visita, contemplación y ocio hostelero son dinámicas cada vez más comunes que provocan la expulsión de los residentes con menor capacidad económica, pero también de los comercios de proximidad bajo la presión de las franquicias", señala Ion Martínez Lorea, doctor en Sociología de la Universidad Pública de Navarra. A ello añade una tendencia a replicarse entre ciudades que concluye en una pérdida identitaria.Ante la pregunta de si es posible lograr un equilibrio entre turismo y convivencia, Martínez enumera algunas de las medidas que ya se están aplicando para avanzar en esta dirección: tasas turísticas, creación de áreas tensionadas o el control de precios… "Están demostrando ser necesarias y eficaces para evitar la expulsión de residentes y están ganando simpatías entre la población de las ciudades", afirma. Por otro lado, considera que es necesario diversificar la demanda turística potencial y evitar "las visitas rápidas", apostando por un turismo de inmersión y lentitud. Un reto que aún tienen por delante gran parte de las ciudades medias españolas."Las dinámicas urbanas basadas en la aceleración constante que padecemos todas y todos en nuestras ciudades y en nuestras vidas cotidianas (vivimos en ciudades cansadas) también se trasladan al ámbito turístico, con unos visitantes que se ven impelidos a acumular destinos, eventos, experiencias y a instagramear todo. Esto genera una presión permanente por cumplir con los ritmos y exigencias que acaban agotando a las y los turistas", concluye.