Bajo lonas de pl�stico azul, centenares de mujeres y ni�as migrantes intentan escapar del sol de Ceuta en el campo de f�tbol Sala El Cudia, en el barrio del Pr�ncipe. Algunas juegan con sus hijos, otras conversan sentadas sobre mantas, descansan o bailan entre ellas para aprovechar las horas muertas. Muchas se han quitado el velo. Aqu�, se sienten seguras.Fuera de las cuatro vallas que delimitan el peque�o polideportivo, la sensaci�n es distinta. �Tengo miedo de que me violen�, sentencia Nada, una joven de 17 a�os que pernocta en el campamento improvisado. La frase de esta joven resume el temor instalado entre las mujeres que permanecen en la ciudad despu�s de la entrada masiva de inmigrantes del pasado 30 de julio. Miles de personas accedieron entonces a la ciudad y una parte contin�a todav�a en sus calles, o en asentamientos improvisados.El temblor es de todas. Otra joven de 17 a�os, Khaoula, asegura que sufri� una agresi�n sexual por parte de un espa�ol y aporta documentaci�n policial al respecto. Ella cruz� a nado la noche del 29 de julio. Sola. �No me queda nada en Marruecos�, asegura. Vivi� en las calles y en el monte hasta que pudo entrar en uno de los campamentos improvisados, exclusivo para mujeres. Mientras tanto sobrevivi� con ayuda de una pareja que hizo su mismo camino. Ellos, desesperados, acabaron volviendo a su pa�s pocos d�as m�s tarde. Fue entonces cuando comenz� a pasar sus d�as en las calles de Ceuta y durmiendo en los bosques, escondida. Tras varios d�as, un hombre que le ayudaba y le daba comida le ofreci� una habitaci�n en su casa. �Al principio me negu�, explica, �pero estaba sola y ten�a miedo; le ofrec� pagar lo poco que ten�a para alquilarle la habitaci�n�.Ilham sujeta a su hija en brazos. Ha venido a Espa�a para alejarse de los maltratos de su maridoELENA IRIBASUna vez en la casa, charlaron, el hombre prepar� la cena y comenz� a ense�arle objetos que coleccionaba: cuchillos, navajas, porras, palas... Fue en ese momento en el que ella comenz� a agobiarse. Intent� marcharse y �l se lo impidi�: �T� no te vas a ir de aqu��, asegura que le dijo el hombre. �Me empez� a pedir besos y a tocarme los genitales. Grit� y ped� ayuda�. Sus llamadas de auxilio alertaron a dos j�venes que accedieron y ayudaron a Khaoula, que asustada fue a la polic�a. Ella muestra los informes policiales y la documentaci�n que acreditan haber sido v�ctima de una agresi�n sexual. Se celebr� un juicio r�pido pero la dificultad de obtener pruebas dej� al hombre en libertad: �Solo de pensar que est� en la calle mi cabeza imagina que viene a por m��, sentencia asustada.Entre todos los migrantes, las mujeres y las ni�as son el colectivo m�s vulnerables. Los primeros procedimientos conocidos tuvieron como v�ctimas precisamente a mujeres migrantes llegadas durante aquella entrada. No hay rastro todav�a de ning�n caso grave sobre una ceut�, aunque el p�nico es com�n a todas en esta ciudad mutada en el �ltimo mes. Ese miedo ha modificado hasta la forma en la que las mujeres conviven. Quienes han encontrado plaza en los espacios de protecci�n improvisados por los barrios permanecen juntas y bajo vigilancia. Las que siguen en la calle hacen pr�cticamente lo mismo: se agrupan para pasar la noche. Es habitual encontrarlas durmiendo unas al lado de otras, buscando en el grupo una seguridad que individualmente no tienen.A la espalda del colegio Reina Sof�a, cerca del barrio del Pr�ncipe, un peque�o campo deportivo se ha transformado en uno de esos refugios. Los propios vecinos lo denominan zona segura. No naci� como un centro de acogida oficial. Fueron las circunstancias las que hicieron que fuera una medida necesaria ante la presencia en las calles de mujeres y ni�as. All� reciben comida, un lugar para asearse y, sobre todo, protecci�n.No existen cifras oficiales, pero los voluntarios advierten de que hay m�s de 300 mujeres all� instaladas. La gran mayor�a menores de edad. Cuatro vallas marcan el per�metro. Las mujeres pueden abandonar el recinto alrededor de las diez de la ma�ana y deben regresar antes de las 20.30 horas. Pero muchas de ellas, sencillamente, apenas quieren salir. Cuando cae la noche, esa inseguridad se acent�a. Hombres del Pr�ncipe y de barriadas vecinas se turnan para patrullar los accesos. Son vecinos, no vigilantes de seguridad, pero permanecen durante horas alrededor del polideportivo y expulsan a los hombres que intentan aproximarse.Khaoula, la joven que sufri� una agresi�n sexual por parte de un espa�ol oculta su rostroELENA IRIBAS�Esto es una zona segura para ellas, pero tambi�n es cierto que los hombres saben que est�n todas aqu� juntas�, explica uno de los voluntarios. Ese es precisamente uno de los problemas del refugio: protege y, al mismo tiempo, se�ala d�nde est�n. �Por la noche vienen borrachos y drogados a buscarlas. Nosotros los echamos�, asegura otro de los hombres que participa en las guardias. Afirman incluso haber retirado en estas semanas cuchillos, cadenas y hasta un hacha a personas que se aproximaron. Uno de los relatos m�s duros lo aporta un joven del Pr�ncipe que participa en esas labores. Cuenta que hace cuatro d�as caminaba junto a varios amigos por una zona apartada cuando se encontraron con un grupo de hombres alrededor de una mujer. Seg�n su testimonio, estaba siendo v�ctima de una violaci�n. �A ella la sacamos de ah� y la llevamos al hospital�, afirma. Despu�s a�ade otra frase abrumadora: �A los hombres les ense�amos la ley del barrio, ya me entiendes�, mientras hace un gesto c�mplice a esta redactora. El caos ha convertido a los vecinos del Pr�ncipe en primera barrera de protecci�n improvisada para estas mujeres. No solo vigilan. Tambi�n proporcionan comida, limpieza y asistencia b�sica. Cada relato muestra la crudeza de las vidas de estas chicas que huyen de la realidad de sus pa�ses. Es el caso de Shaimae, tambi�n es menor de edad. Ha recorrido m�s de 500 kil�metros para llegar a Ceuta. Hace dos d�as cumpli� 17 a�os en el campamento del barrio del Pr�ncipe. Se encuentra sentada en una colchoneta estudiando espa�ol y ense�ando a varias chicas que la rodean curiosas. Habla ingl�s y su sue�o, dice, es ser repostera: �Soy la �nica que puede sacar adelante a la familia�, explica. Es de padres separados y v�ctima de maltrato. Su padre la golpeaba habitualmente y lleg� a agredirla en varias ocasiones con arma blanca. Su situaci�n es peliaguda. La familia de su padre la busca para casarla con un adulto. Concretamente con un hombre de unos 50 a�os (amigo de su t�o). Aunque el matrimonio forzado no es legal en Marruecos, en las zonas m�s conservadoras y rurales siguen vigentes estas pr�cticas de coacci�n a las mujeres que bajo la presi�n social y familiar acceden a casarse prestando un consentimiento forzado. Hoy se siente protegida entre las mujeres del campamento.Pero entrar en uno de estos espacios protegidos tambi�n se ha convertido en un privilegio. No todas tienen sitio. Todav�a quedan mujeres que pasan los d�as y las noches en las calles de Ceuta. Sin una valla, sin vecinos haciendo guardia y sin un lugar en el que refugiarse. Su mecanismo de protecci�n es estar juntas.Yousra padece depresi�n y ansiedad. Hoy se le acaban sus medicamentosELENA IRIBASGrupos de mujeres duermen unas al lado de otras. Se desplazan juntas. Esperan juntas. La escena se repite en distintos puntos de la ciudad y explica por qu� los asentamientos improvisados no dejan de recibir mujeres que solicitan su protecci�n. Es el caso de Amina. Entr� en Espa�a a nado el 28 de julio, dos d�as antes de la avalancha. Viuda, asegura querer buscar una vida para sus hijas (de 16 y 18 a�os, la mayor ya casada). Trabaj� siempre en hosteler�a en Marruecos. Cuando muri� su marido, los hermanos de ella la expulsaron de casa y tras la trifulca familiar enviaron unos sicarios para acabar con su vida. �Quer�an cortarme el cuello con una navaja�, explica ya entre l�grimas; �me salv� porque pude poner el brazo protegi�ndome�. Levanta las mangas y muestra numerosos cortes que a�n siguen cicatrizando. Tras el intento de asesinato, Amina acudi� a las autoridades marroqu�s, que le negaron protecci�n. Ha huido de su pa�s por miedo a que su propia familia acabe con su vida.El encadenamiento de historias terribles se suceden. �Fui violada por un hombre con 13 a�os en mi pa�s. Ahora ya no le temo a nada, he vivido las cosas m�s horribles que le pueden ocurrir a una mujer�, sintetiza una chica, con su beb� en brazos.Bajo la lona azul hay un drama en cada testimonio. Una mujer ense�a las marcas en su mu�eca. No son autolesiones, sino el rastro del ataque de otra mujer. �En mi pa�s era maltratada por mi t�o y su mujer. Estoy diagnosticada de ansiedad y depresi�n pero solo me quedan pastillas para un d�a m�s, despu�s no s� qu� va a ser de m��. Nadie lo sabe.El Gobierno trabaja ahora en trasladar a 500 ni�as desde estos asentamientos hacia la Pen�nsula, seg�n anticip� ya la pasada semana, sin que se hayan producido avances.
El terror de las ni�as en la calle de Ceuta: "Tengo miedo a ser violada"
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