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En el suelo de las calles o, quienes corren con mejor suerte, en colchones con mantas: así es como pasan miles de menores que, tras el pasado mes de julio, cruzaron a nado o a pie la frontera desde Marruecos hasta llegar a la ciudad española de Ceuta. Según estimaciones del gobierno de España y organizaciones, aproximadamente 5.500 niños y adolescentes permanecen a la deriva tras llegar al país, mientras el debate nacional y las rencillas políticas han alejado el foco de una de las poblaciones más vulnerables de la crisis.
De acuerdo con la ONG Save the Children, unos 1.500 menores ya se encuentran en el sistema de protección estatal y residen en campamentos de migrantes. No obstante, UNICEF alerta que unos 4.000 habitan en las calles sin ser identificados o censados, en riesgo de ser agredidos, explotados o a merced de las bandas criminales.
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En el polígono industrial de El Tarajal, uno de los principales puntos donde se concentran los que siguen sin alojamiento, las condiciones descritas por periodistas y organizaciones muestran la dimensión de la emergencia humanitaria. Entre almacenes abandonados, mantas, cartones y tiendas improvisadas, hay niños y adolescentes que pasan la noche sin una estructura adecuada en la cual dormir. Algunos utilizan mochilas como almohadas y otros buscan refugio en las aceras o en la playa para protegerse del sol.








