Actualizado Domingo,
junio
00:07La Uni�n Europea est� al borde de una confrontaci�n comercial en toda regla con China. Lo que Bruselas denomina �China Shock 2.0� —la avalancha de exportaciones subvencionadas de veh�culos el�ctricos, paneles solares, bater�as, acero y productos qu�micos— ya no es un riesgo te�rico. Es una realidad.Tras la reuni�n a puerta cerrada del Colegio de Comisionados sobre China celebrada el 29 de mayo, una cosa est� clara: la amenaza de represalias chinas no disuadir� al ejecutivo de actuar.La UE se est� armando con un nuevo arsenal de instrumentos comerciales aut�nomos. La pieza central es el llamado �instrumento de sobrecapacidad�, una salvaguardia intersectorial dise�ada para restringir el acceso de China a los mercados de la UE cuando la sobrecapacidad industrial de Pek�n amenaza sectores estrat�gicos europeos. Este instrumento se sumar�a al Instrumento Anticoerci�n (IAC), que la Comisi�n ha aprobado pero que a�n debe ser sometido a la aprobaci�n del Consejo, y a normas m�s estrictas de ciberseguridad que podr�an limitar a�n m�s a los proveedores chinos en infraestructuras digitales cr�ticas.Estas herramientas no son caprichos proteccionistas; responden a una realidad estructural. El modelo estatal chino ha generado un exceso de capacidad cr�nico que ahora se exporta a precios que los productores europeos no pueden igualar. El d�ficit comercial de bienes de la UE con China, que alcanz� niveles r�cord el a�o pasado, es un indicador relevante de lo que est� sucediendo, pero existen otros a�n mejores. En concreto, China ha estado aumentando su cuota de exportaci�n global, superando a la UE tras la pandemia de COVID-19. Esa diferencia entre ambas persiste sin cambios.Ante la respuesta m�s severa de Europa a las pr�cticas comerciales de China , Pek�n opt� por tomar represalias en lugar de negociar. El 7 de abril se promulg� el Reglamento sobre Seguridad Industrial y de la Cadena de Suministro. Dicho reglamento establece un mecanismo formal para identificar medidas extranjeras discriminatorias y autoriza contramedidas, incluidas investigaciones sobre interrupciones en la cadena de suministro.Los medios estatales chinos ya han dado a entender que la herramienta de la UE para detectar el exceso de capacidad podr�a desencadenar precisamente este tipo de investigaciones. Se est�n desempolvando una vez m�s las normas sobre datos transfronterizos, lo que a�ade una nueva capa de presi�n sobre las empresas europeas que operan en China. En resumen, el plan de represalias de Pek�n ya no es hipot�tico; ya se est� plasmando en la ley.La Comisi�n parece imperturbable. Altos funcionarios han concluido que la actual relaci�n comercial �no es sostenible� y que las medidas defensivas son esenciales para preservar la base industrial europea. Sin embargo, la realidad pol�tica en el Consejo cuenta una historia diferente.Un comunicado informal difundido hace apenas unas semanas por Francia, Italia, Espa�a, los Pa�ses Bajos y Lituania solicitaba aranceles m�s r�pidos, mayores garant�as y el nuevo instrumento de resiliencia. Desde entonces, Espa�a se ha distanciado de esta postura, y su ministro de Econom�a ha manifestado su reticencia a intensificar la tensi�n. Alemania, siempre atenta a sus intereses exportadores, mantiene la cautela. Estas divergencias son comprensibles —China sigue siendo un mercado vital para muchas empresas europeas—, pero corren el riesgo de paralizar la toma de decisiones de la UE en el peor momento posible.La magnitud del desaf�o exige m�s que una acci�n unilateral de la UE. El exceso de capacidad de China no es un problema bilateral, sino global. El mismo auge de las exportaciones de tecnolog�a verde a bajo precio que amenaza a los fabricantes europeos tambi�n est� desestabilizando los mercados de Estados Unidos, Jap�n, Corea del Sur y las econom�as emergentes. Las respuestas descoordinadas conllevan el riesgo de un sistema comercial fragmentado en el que China aplique la estrategia de divide y vencer�s, castigando a los cr�ticos m�s ac�rrimos y recompensando a los m�s conciliadores. Europa, al carecer de la escala del mercado �nico estadounidense o del poder de negociaci�n de materias primas de otros pa�ses, estar�a particularmente expuesta a represalias selectivas.Por eso, inclinarse con mayor decisi�n hacia el G7 tiene mucho sentido. Se espera que la cumbre del G7 del pr�ximo mes en Evian, organizada por Francia, aborde los desequilibrios econ�micos mundiales y el papel de China en ellos. Par�s lleva tiempo abogando por una postura colectiva m�s firme hacia Pek�n, al tiempo que insiste en la necesidad de "autonom�a estrat�gica".La presidencia francesa ofrece una oportunidad �nica para traducir la ret�rica en coordinaci�n concreta: iniciativas conjuntas para fortalecer la resiliencia de las cadenas de suministro, el uso coordinado de instrumentos de defensa comercial y un enfoque com�n respecto a los minerales y tecnolog�as cr�ticos. Esta coordinaci�n multiplicar�a la influencia de la UE sin obligar a ning�n Estado miembro a soportar la totalidad de las represalias chinas.Los cr�ticos argumentar�n que la coordinaci�n del G7 huele a contenci�n y corre el riesgo de acelerar la desvinculaci�n. Pero eso es una caricatura, una que ahora parece obsoleta, ya que es evidente que Trump ya no impulsa la desvinculaci�n , al menos no para Estados Unidos. El objetivo no es aislar a China, sino restablecer la competencia leal y reducir las dependencias peligrosas. Europa ha demostrado repetidamente que prefiere la reducci�n de riesgos a la desvinculaci�n. Un marco del G7 permitir�a precisamente eso: medidas calibradas y proporcionadas que indiquen a Pek�n que la era de las exportaciones subvencionadas sin control ha terminado, manteniendo abiertos los canales de di�logo.La alternativa —una respuesta fragmentada de la UE, marcada por divisiones internas y represalias selectivas por parte de China— representa lo peor de ambos mundos. Debilitar�a la posici�n negociadora de Europa, erosionar�a la credibilidad de su mercado �nico y, en �ltima instancia, no lograr�a abordar las distorsiones estructurales derivadas de China.La determinaci�n de la Comisi�n de actuar es bienvenida. Pero la determinaci�n sin cohesi�n es peligrosa. La presidencia francesa del G7 ofrece la plataforma ideal para una acci�n coordinada m�s all� de la UE. El Colegio ha demostrado comprender lo que est� en juego. Ahora debe convencer a los Estados miembros —y a sus socios del G7— de que act�en conjuntamente.*Alicia Garc�a Herrero es economista Jefe para Asia Pac�fico y Medio Oriente NATIXIS. Senior Research Fellow at Bruegel.













