Los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Europea celebran este jueves y viernes un Consejo Europeo muy dominado por la agenda económica. Este jueves por la noche cenan con un menú de plato único: los llamados "desequilibrios macroeconómicos", una palabra con la que en realidad los diplomáticos y funcionarios europeos se quieren referir a los desequilibrios provocados por las masivas exportaciones de China, combinadas con su débil consumo interno y con un renminbi débil. "Esto no es un debate sobre China", asegura una alta fuente europea. Pero lo es. La voluntad por abrir el foco y no señalar públicamente a Pekín tiene que ver con que se trata de un debate políticamente sensible para muchos, y que, incluso en el caso de los Estados miembros más alertados por el riesgo que genera el llamado ‘shock chino 2.0’, varias fuentes diplomáticas y europeas coinciden en que no se obtienen beneficios de hacer ruido. Una fuente diplomática explica que el estilo de Europa en esta cuestión no es "hacer una diplomacia vocal" y enfocada al público interno, sino más moderado. "Los chinos comprenden muy bien mensajes más mesurados, con distintos canales", explica la fuente. Cuatro pasos El equipo de António Costa, presidente del Consejo Europeo, entiende que el debate de China está estructurado en cuatro fases diferentes. La primera fase consiste en una convergencia de análisis respecto a la situación. Contar con un diagnóstico común de qué está ocurriendo. "Creo que cada vez hay más conciencia de que los desequilibrios comerciales, que a estas alturas todos los Estados miembros tienen con China, son insostenibles", explica una alta fuente europea, que considera que ya se está completando esta primera fase del debate respecto a China. "Mi impresión es que este debate sobre los desequilibrios macroeconómicos mundiales ha madurado mucho en las últimas semanas y meses, y que existe una convergencia cada vez mayor en torno al reto al que nos enfrentamos", añade la misma fuente. "Todos los países están más o menos afectados por estos desequilibrios macroeconómicos. Estoy hablando de China", añade una fuente de un Estado miembro nórdico, que explica que hay una "mayor convergencia que hace cuatro o cinco años". Costa espera que a raíz de ese análisis compartido se pueda dar el siguiente paso: encontrar una posición europea unida. Bruselas sabe desde hace tiempo que para enfrentarse a retos como el que plantea ahora China es fundamental desactivar la regla inicial de la política: el divide y vencerás. En un club de 27 Estados miembros con intereses nacionales diferentes, ese es siempre el talón de Aquiles. Antes de avanzar en el debate, el presidente del Consejo Europeo buscará esa unidad. TE PUEDE INTERESAR El siguiente paso, según explican fuentes europeas, es identificar las herramientas que tiene a su disposición la Unión Europea. Se espera que Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, explique a los jefes de Estado y de Gobierno tanto la situación actual como la caja de herramientas que el club tiene a su disposición. El Ejecutivo comunitario ya mantuvo una reunión extraordinaria de sus comisarios dedicada en exclusiva a China en mayo, y tanto Maros Sefcovic, comisario de Comercio y de Seguridad Económica, como Stéphane Séjourné, vicepresidente ejecutivo a cargo de Mercado Interior e Industria, plantearon una serie de ideas, en las que ha estado trabajando también la secretaría general de la institución, bajo la batuta del equipo de Von der Leyen. Entre las medidas podrían incluirse un uso más amplio de cuotas y salvaguardias, como se ha hecho con el acero, aunque el efecto secundario es que esas medidas afectarían no únicamente a China, sino a todos los socios comerciales. En última instancia, la idea es que estos tres elementos sirvan para un paso final, que es el de dar directrices a la Comisión Europea para que desarrolle una estrategia ante este reto y una hoja de ruta para que Sefcovic negocie con su homólogo chino. Aquí la unidad europea empieza a emborronarse. Las propias fuentes europeas admiten que el objetivo de la cena es precisamente ver en cuál de estas cuatro fases se encuentran exactamente los líderes. Algunos consideran que hay que seguir buscando opciones que eviten una guerra comercial con Pekín, mientras que un grupo de Estados miembros ‘halcones’ consideran que si bien hay que dar opción al diálogo con China, no hay que ser ingenuos, y hay que acudir a esas conversaciones con un arsenal listo para ser utilizado. "Se trata de obtener algo de ese diálogo", señala una fuente diplomática. TE PUEDE INTERESAR Francia ha liderado un documento de reflexión, conocido en el argot comunitario como non paper, en el que se solicita a la Comisión Europea instrumentos comerciales más contundentes ante prácticas como las de China, aunque sin mencionar por su nombre al gigante asiático. Países Bajos y Lituania respaldaron el texto desde el principio, y también lo hizo inicialmente el Gobierno de España, que, sin embargo, retiró su apoyo cuando el documento se filtró a la prensa tras ser compartido con la Comisión. Ahora Polonia está también apoyando el texto. Una fuente diplomática francesa explica en todo caso que tras la cumbre llega el momento de actuar, y que la cena no puede dar lugar a un nuevo ciclo de hacer propuestas y de debatir teóricamente respecto a cómo afrontar el problema. "Puede haber encargos (a la Comisión) para saber si necesitamos nuevos instrumentos. Pero eso no debe impedirnos actuar hoy. Es una reflexión paralela. No se trata de encargar para tener opciones, sino de mandatar para encontrar soluciones", señala. Esas nuevas herramientas podrían ser una réplica del artículo 301 del código comercial de EEUU, como han propuesto varios analistas, una idea que ha respaldado Emmanuel Macron, presidente francés. La Comisión Europea plantea también un mecanismo de diversificación para obligar a las compañías a depender menos de Pekín. Se trata de poner en práctica la nueva doctrina china que Von der Leyen planteó en 2023, por el que la UE debía "reducir riesgos" respecto a China sin llegar a la fase de "desacoplar" la economía europea de la del gigante asiático. Fuentes diplomáticas españolas descartan que haga falta nuevas herramientas, y preguntadas por si habría que acudir a las negociaciones con Pekín con una amenaza creíble de uso de los instrumentos comerciales que ya están a disposición de la UE evitan responder directamente, explicando que las "palancas de negociación" son los intereses cruzados de chinos y europeos. Punto de no retorno El miedo que hay en muchas capitales es que este proceso lleve a una oleada de represalias por parte de China, que amenaza a la UE por medidas que considera como "proteccionistas" al mismo tiempo que su plan económico se centra en dar prioridad a los bienes hechos en China y cierra el acceso al mercado chino a los exportadores europeos. La guerra comercial no es inevitable, asegura una fuente diplomática, que, sin embargo, explica que hay que actuar con determinación y velocidad. Hay una sensación extendida entre muchas delegaciones de que ya no hay tiempo que perder. Los últimos estudios arrojan que ya se han perdido cientos de miles de empleos industriales por las exportaciones chinas, y proyecciones del Gobierno francés apuntan a que al actual ritmo cerca del 70% de la industria alemana podría sufrir a manos de Pekín. Bart de Wever, primer ministro de Bélgica, ya escribió en marzo en una carta a Von der Leyen que la Unión había llegado "a un punto de no retorno". "Debemos tomar decisiones difíciles a corto plazo para proteger nuestra industria, nuestra economía y el bienestar de nuestros ciudadanos a largo plazo", aseguró el belga.