Después de haber tratado el desafío asiático en el G-7, los países europeos ponen el foco de nuevo en una de las principales preocupaciones económicas de la Unión Europea en los últimos años: China y sus prácticas económicas desleales, con unos déficits comerciales cada vez mayores entre los países comunitarios y el gigante asiático. Los líderes europeos abordan este jueves en una cumbre en Bruselas los diferentes mecanismos para protegerse de Pekín ante la inundación de los productos industriales y tecnológicos chinos en sus mercados, con la lectura compartida de que hace falta más mano dura con China, pero todavía con división en cómo afrontarla. En el programa de la cumbre europea no aparece oficialmente el nombre del gigante asiático, sino una alternativa mucho más sutil: “Desequilibrios económicos globales”. Pero a nadie se le escapa que es una continuación del debate estratégico sobre las relaciones con China que mantuvo a finales de mayo el equipo de comisarios de Ursula von der Leyen, que espera algún tipo de mandato de los Estados miembros sobre cómo protegerse de un problema cada vez más preocupante. El déficit comercial de bienes con China actualmente asciende a unos 1.000 millones de euros cada día y, tal y como recordó la alemana durante la cita de Évian, por primera vez en la historia, en el 2025 todos los Estados miembros registraron un déficit comercial con China.Nueva estrategia“Esta situación, evidentemente, no es sostenible”, reconoce Von der Leyen“Esta situación, evidentemente, no es sostenible”, reconoció la alemana. La estrategia actual impulsada por Von der Leyen no busca una desconexión total de China, sino lo que en Bruselas se conoce como “de-risking”, es decir, la reducción de riesgos. El concepto se centra en proteger áreas económicas sensibles y abordar directamente el problema del exceso de capacidad industrial de China. El debate es desarrollar nuevos instrumentos comerciales y profundizar en el uso de los ya existentes, sin que todo esto termine perjudicando en el camino a socios estratégicos como Canadá o Japón.“Los instrumentos que tenemos, o cualquier instrumento nuevo, no están dirigidos a un país concreto; se dirigen a prácticas o desequilibrios, o quizá a sectores particulares”, subraya un alto diplomático europeo. “No tenemos instrumentos hechos para países específicos, ni los tendremos en el futuro. La cuestión es: con los instrumentos que tenemos, ¿son útiles?, ¿podemos utilizarlos mejor o más rápido?, ¿falta algo en nuestra caja de herramientas?”, explicaba, antes del debate.Uno de los principales retos internos para el Consejo es lograr una base de análisis común sobre las herramientas para defenderse. Actualmente, existe una brecha entre los Estados miembros molestos, especialmente por las posturas de seguridad de China -en especial, por su apoyo en la invasión rusa en Ucrania-, mientras otros tienen una preocupación estrictamente económica. Esta falta de consenso dificulta la aplicación de los mecanismos de defensa comercial que, en ocasiones, requieren de una base legal compleja. Por ejemplo, el uso de ciertos instrumentos comerciales puede ser percibido como “sanciones encubiertas”, lo que reabre el eterno debate sobre la necesidad de unanimidad en la política exterior de la UE. Los movimientos son tan arriesgados que Von der Leyen no quiere moverse claramente sin un mandato claro del Consejo Europeo. Más, cuando Europa ya dispone de varios instrumentos de defensa comercial que podría utilizar contra China. Entre ellos, el temido bazuca, el instrumento anticoerción que todavía no ha estrenado y que ha sonado también en la guerra comercial con Estados Unidos. Para activarlo hace falta que los líderes tengan una voluntad clara, y la división sigue siendo amplia. Países como Francia son los más partidarios de la línea dura, y también Alemania comienza a ser consciente de la magnitud del problema. España, por otro lado, se muestra más cautelosa. El mes pasado, Francia, Italia, Países Bajos y Lituania pedían en un documento oficioso que la UE apostase por una nueva medida para limitar la dependencia excesiva de un único país extranjero, con aranceles o cuotas adicionales para proteger a los productores nacionales. España en un principio firmaba el documento, pero finalmente se desmarcó públicamente.Corresponsal en Bruselas. Antes, al frente de la corresponsalía en Italia y el Vaticano de La Vanguardia y RAC1 (2018-2024). Es autora de ‘Laboratori Itàlia’ (Pòrtic, 2024).
Europa busca el modo de protegerse ante las prácticas comerciales de Pekín
División entre los países europeos sobre qué instrumentos utilizar frente al enorme déficit comercial con China













