El creciente déficit comercial de la Unión Europea con China ha dejado de ser una preocupación económica para convertirse en un problema estratégico. Cada vez más Estados miembros consideran insostenible una relación marcada por desequilibrios récord, dependencias críticas y el respaldo de Pekín a Rusia en la guerra de Ucrania. Ante esta situación, Bruselas y varias capitales europeas han comenzado a debatir qué instrumentos utilizar para corregir esos desequilibrios y reducir riesgos. Las fricciones con Pekín son cada vez mayores y los líderes de los 27 Estados miembros discuten este jueves su relación y su respuesta el gigante asiático en el último Consejo Europeo antes del verano.La cuestión para la UE ya no es si existe un problema con China, sino qué instrumentos debe utilizar para responder. Y hasta dónde está dispuesta a llegar sin poner en riesgo su relación con la segunda economía del mundo, de la que es muy dependiente. Sin embargo, sigue sin existir consenso sobre las medidas concretas que deberían adoptarse. Mientras algunos Estados miembros, como Países Bajos, Francia, Italia o Lituania, reclaman una respuesta más firme frente a las distorsiones de la economía china, otros alertan del riesgo de desencadenar una guerra comercial y de sufrir represalias de Pekín en un momento especialmente turbulento para la economía y la geopolítica internacionales.“Necesitamos una mayor coordinación europea en nuestras relaciones con China para proteger la economía europea e impulsar nuestra competitividad, así que estoy muy abierto a estas discusiones”, ha declarado el primer ministro holandés, Rob Jetten a su llegada a Bruselas. Esta semana, la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, ha advertido de que la situación comercial y de dependencia con China “no es sostenible” y defendió la estrategia europea de “reducir riesgos”.En la otra orilla están Alemania y, sobre todo, España. “Europa lo que necesita son amigos, necesitamos ser pragmáticos, tanto con potenciales aliados como China como con tradicionales aliados como EE UU”, ha señalado el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, antes de empezar la reunión clave. Su homólogo alemán, Friedrich Merz ha apuntado: “Hablaremos de los desequilibrios geoeconómicos. Ya lo hicimos en Évian. Además, hemos emitido una declaración conjunta de los jefes de Estado y de Gobierno del G-7 al respecto, que también está siendo seguida con gran atención en Bruselas por mis colegas del Consejo Europeo”. El canciller habla del texto suscrito en la localidad francesa, en la que los países del G7 se comprometen a colaborar para reducir la dependencia que China tiene de las materias primas críticas, una posición que Pekín utilizó el pasado otoño al amagar con imponer restricciones a las exportaciones. Ese capítulo, en el caso europeo, se suma al déficit comercial de la UE con el gigante asiático, que en 2025 superó los 360.000 millones de euros, según Eurostat, un 146% más que 10 años antes. Subsidios estatalesA caballo de ese agujero creciente, las preocupaciones por la sobrecapacidad industrial china, los subsidios estatales y el control de materias primas críticas han ido ganando peso en la agenda europea. Esto ya se vio hace un par de años, cuando la Unión Europea aprobó aranceles adicionales a los vehículos eléctricos importados desde China tras concluir que los fabricantes chinos se beneficiaban de ayudas públicas que distorsionaban la competencia. Sin embargo, aquella decisión no ha alterado significativamente la tendencia general de los intercambios comerciales ni ha reducido las preocupaciones europeas sobre la creciente dependencia de sectores considerados estratégicos.Sobrecapacidad industrial y subsidios ilegales son dos de los desequilibrios de los que la UE acusa a China desde hace años. Hay otros, como el control que ejerce Pekín de materias primas críticas, claves tanto en la transición energética como en la digital. Y ninguno se corrige ni parece que China tenga mucho interés en ello, empieza a concluirse en casi todas las capitales comunitarias. La estrategia oficial de Bruselas sigue siendo la misma: reducir riesgos sin romper la relación económica. El llamado de-risking (reducción de riesgos), impulsado por la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pretende disminuir las vulnerabilidades europeas en áreas sensibles sin llegar a una desvinculación económica de China. Pero dentro de las instituciones comunitarias crece la sensación de que esa estrategia avanza demasiado despacio. Bruselas no quiere una ruptura económica con China. Quiere seguir comerciando con China; mantener cadenas de suministro; reducir dependencias estratégicas; limitar riesgos en sectores sensibles. Así, analiza lanzar nuevas herramientas para acelerar la diversificación de proveedores y reducir dependencias.Esta idea también de endurecimiento también se baraja en el Parlamento Europeo, y así lo ha venido a decir el líder del grupo parlamentario más grande, Manfred Weber: “Europa debe empezar una nueva página en sus relaciones con China. Defendemos una verdadera cooperación basada en el mercado y no aceptaremos intervenciones desleales en el mismo. La reciprocidad y la competencia leal deben ser la base”.