Luces para la Constituci�nUna de las voces m�s destacadas y heterodoxas de la literatura y el periodismo hispanoamericano, advierte del riesgo de que �la crispaci�n artificial en Espa�a salte a la calle y termine por influir en la vida cultural y econ�mica�Rafael Gumucio, escritor y periodista chileno.PENGUINActualizado Viernes,
agosto
23:25Recientemente public� dos art�culos sobre su pasado y presente en Espa�a, se�alando las diferencias que ha notado.Estuve aqu� en pleno aznarato, una �poca de enorme prosperidad, de sensaci�n de que todo val�a, de que todo lo acabar�an pagando los alemanes y la Uni�n Europea. Una �poca de barra libre liderada por un ser absurdo que nadie quer�a pero igual pagaba las cuentas. Un presidente gris empe�ado en el sue�o provinciano de ser un l�der mundial en el peor momento y de la peor manera. Despu�s de 2008 viv� una �poca mucho m�s oscura, m�s complicada por la crisis econ�mica y el proceso independentista catal�n, aunque solo pude contemplar ese derrumbe de soslayo en sucesivas visitas. Mientras que ahora siento que, de alguna forma, ha vuelto algo de la prosperidad y la tranquilidad que se disfrutaba a principios de los 2000 pero con resabio de la rabia que la crisis despert� todos estos a�os de decepci�n. En los medios de comunicaci�n hay un ambiente de crispaci�n de preguerra civil y, sin embargo, en la calle no detecto nada de eso, al contrario. Espa�a es uno de los pa�ses m�s agradables para vivir en Europa pero vive como si no quisiera saberlo. Obviamente tiene problemas, como pasa en otras sociedades, pero si lo comparo con otro de los pa�ses que visito con bastante frecuencia, como Estados Unidos, no tiene nada que ver. En EEUU la crispaci�n por la llegada de Trump a la Casa Blanca se percibe de manera clara en la calle. En Espa�a existe el riesgo de que esta crispaci�n artificial salte a la calle y termine por influir en su vida cultural y econ�mica. Aunque, por lo pronto, veo el debate cultural hecho un desastre.�En qu� sentido?Se ha empobrecido mucho el debate, es muy escaso. Hay un tipo de literatura muy personal donde los personajes son los animales dom�sticos de sus animales dom�sticos (preferentemente gatos). No hay vuelo, no hay riesgo, no hay exigencia. Ya lo vivimos con la pol�mica en torno al escritor Ucl�s: los debates est�n basados en no voy donde va este. Por eso dec�a antes que la crispaci�n pol�tica afecta y en alg�n momento va a hacerse real, entre otras cosas por esa llamada ultraderecha que la izquierda ha inventado y que quiz� alg�n d�a llegue a serlo de verdad. Si la ultraderecha es Cayetana �lvarez de Toledo, como dicen ciertas izquierdas, a todo el mundo le gustar�a tener en su pa�s una ultraderecha as�. No se puede decir lo mismo de Abascal, pero da la impresi�n de ser una persona que anda con una m�scara que no puede separar de su cara.En su primera etapa espa�ola vivi� el paso de Aznar a Zapatero. �Se pod�a imaginar este final del socialista como oscuro comisionista internacional?Siento que lo que hizo Zapatero fue empujar a Espa�a a decir �ya basta del intento de ser europeos� y entrar en ese terreno en el que los conceptos son vagos, las ideas son relativas. El �buenismo� como el �mal�simo� es pura flojera intelectual. Zapatero fue un adi�s a Max Weber, o Elias Canetti, Ortega y Gasset que sol�an ser al alimento del editorialismo espa�ol de mi �poca; y de bienvenida al F�rum de las Culturas y la Alianza de Civilizaciones, o sea todo y nada. Una visi�n sentimental de la memoria hist�rica o de los derechos de las minor�as, incluidos el trato del tema vasco y catal�n, que se basa en la extrema simplificaci�n de cualquier cosa que podr�a ser compleja. Ese �todos tan amigos� muy espa�ol, tan agradable pero tan inf�rtil intelectualmente; y el �tampoco pasa nada� donde en el fondo pasa todo por debajo, todo lo que ya nadie discute. Este es un pa�s que come croissant solo para desayunar, o sea que tiene algunas instituciones a la francesa que son esenciales a su arquitectura pol�tica, pero que cree como cualquier pa�s latino (Italia, Rumania o Latinoam�rica) que la democracia es sin�nimo de carnaval. Aunque el carnaval tiene la ventaja de durar unos d�as y venir precedido de la cuaresma. El proc�s fue eso, hagamos como que nos queremos independizar, como que somos perseguidos, aunque que a la hora de la verdad no tengamos nada preparado y no hagamos nada real. Fue un proceso tan rid�culo y qued� tan en evidencia que fue una verg�enza para todos, empezando por el independentista sincero, y eso sumi� al nacionalismo en una l�gica depresi�n que ahora lo lleva a cargar contra el turista, el expatriado, el inmigrante latinoamericano. Eso se nota ahora en una parte de la sociedad barcelonesa que presum�a con raz�n de una cierta �lite intelectual avanzada sin la que la Transici�n o el boom habr�an sido imposible. Todo eso quedo hundido en la parodia del proc�s. Pero al mismo tiempo me gusta m�s la Barcelona de ahora, porque siento que esa ciudad del dise�o y del escaparate para el mundo est� en retroceso, y vuelve a ser una ciudad m�s popular y mestiza, la Barcelona del Mercado de San Antonio, del Paralelo; mezcla de gente rara, que se parece m�s a las pel�culas espa�olas de los 50 que tanto me gustan, que al Madrid de hoy. Hablan de Madrid como el Miami europeo.Cada vez que paseo por Almagro o Salamanca hay una fiesta de disfraces. La �ltima vez la mitad eran indios con pluma y la mitad pistoleros. Es una sensaci�n muy rara. Tengo la impresi�n que ese liberalismo libertario de Ayuso no es nada m�s y nada menos que una frivolidad reivindicada como fin �ltimo de la pol�tica. Un soy fr�volo �y qu�? Soy ignorante, �y qu�? Ese concepto de la libertad que en realidad no tiene nada que ver con la libertad, sino con la irresponsabilidad. Pero, por otro lado, un amante como yo de la pel�cula La Dolce Vita, de Fellini, no puede estar m�s que entusiasmado con el espect�culo de la ciudad y sus se�oras y se�oritas caribe�as que suben y bajan de una alfombra roja permanente. Cuando presentan a Ayuso como la n�mesis de S�nchez me llama la atenci�n, porque est�n enfrentados como en un reality show; son una pareja perfecta para dar espect�culo televisivo. Los dos reivindican su apariencia f�sica y su falta de rendir cuentas. Todo se ha convertido en Operaci�n triunfo, con el problema que arrastran esos programas, que es su obligaci�n de estirarse temporada a temporada hasta perder cualquier sentido de la tensi�n dram�tica.La crisis o desaparici�n de la socialdemocracia es una constante en la mayor�a de los pa�ses europeos e hispanoamericanos. El PSOE, en este sentido, es todav�a una anomal�a.En el fondo, la socialdemocracia carga con el pecado m�s grave con que se puede cargar hoy en d�a: no es divertida. La socialdemocracia necesita una disciplina, una forma de autodisciplinarse, que hoy en d�a no se puede exigir a nadie. Para que haya socialdemocracia tiene que haber gente que cumpla las normas, que no quiera saltarse la fila ni hacer trampas. Es cierto que la �lite debe dar ejemplo, y no lo hace, aunque no liberar�a de culpa a los gobernados de los dislates de sus gobernantes. La corrupci�n no ser�a generalizada si no fuese parte de un instinto com�n a casi todos. El horror ante el corrupto se resume en la rabia de no tener la posibilidad de corromperse como �l. Hay una l�gica del todo vale que las redes sociales han instaurado y que es muy incompatible con la socialdemocracia que necesita primero que un hombre sea un voto y que sea responsable de sus decisiones. No hay socialdemocracia para avatares. Mi pap� en Facebook vio a un tipo encapuchado de manera combativa que le ped�a ser su amigo. Creo que quiz�s esa imagen resume mejor que ninguna la �poca.Hablemos de Chile. �C�mo est� siendo el cambio de un Gobierno de izquierda dura, con Boric, a uno de derecha dura, con Kast?El proceso de cambio de poder no ha sido tan traum�tico en parte porque la nueva izquierda tuvo la oportunidad de ver sin escapatoria c�mo su programa, resumido en el proyecto constitucional de 2021, era ampliamente rechazado por la ciudadan�a en un plebiscito en que el rechazo gan� con el 60%. Aunque creo que lo m�s aleccionador fue el alivio con que esa izquierda vivi� ese rechazo y volvi� a gobernar �lo posible�, es decir un pa�s que ama el orden pero que no soporta el abuso. Lo que s� sorprende es la ineficacia y la total improvisaci�n del Gobierno de Kast. No logra conseguir nada de lo que se propone, ni parece tampoco que quiera cumplir realmente sus promesas m�s duras como la expulsi�n de miles de inmigrantes. Tampoco hay un regreso del pinochetismo m�s all� de alguna que otra bravata in�til. Kast ha tenido que jurar que no recortar� programas sociales y no innovar� en temas �val�ricos� (divorcio, aborto). Seguro que lo intenta, pero no creo que tenga �xito. Si antes habl�bamos del fracaso de la socialdemocracia, podr�amos hablar ahora de su �xito, en el sentido de que todos los gobiernos liberales, menos el de Milei y el de Bukele, se ven obligado a conservar los pilares del Estado del bienestar. Un buen ejemplo es la pol�tica de inmigraci�n de Trump y de Biden. La de Trump hace cosas mucho m�s espectaculares, horribles, inadmisibles, pero en cifras gruesas no es muy diferente de lo que hac�an las administracones Biden u Obama. De hecho, su torpeza hace que finalmente haga menos. No creo que ni Biden ni Obama se hubieran atrevido a concederle tanto a Ir�n. �Y Pedro S�nchez? �Ha hecho una revoluci�n socialista? �Ha acabado con la econom�a de mercado? �Ha arruinado al Ibex-35? Yo creo que no. �Y Feij�o? �Con qu� Gobierno acabar� con la Seguridad Social y la sanidad p�blica? Tampoco. La virulencia del debate pol�tico tiene que ver con la impotencia de los actos. Otro pa�s en el que ha vivido por razones familiares, y que conoce bien, es Estados Unidos. �Fue all� donde descubri� el 'wokismo'?Yo descubr� el 'wokismo' en 2018, en Chile, que es un pa�s donde las modas se extralimitan mucho, con la ola feminista (aunque antes tuve problemas con los animalistas). Tuve la mala suerte de expresar algunos posicionamientos que me parec�an atendibles, algunas diferencias que me costaron entrar en una lista negra. Ped� de manera infructuosa poder debatir con mis contrarias en la universidad en que doy clases, pero descubr� que en el fondo esto era imposible, porque justamente hubiese terminado por estar de acuerdo en demasiadas cosas. Me di cuenta que ese acuerdo era una forma de insulto. El wokismo no es proselitista. La base del wokismo es que rechaza cualquier conversi�n, cualquier ilusi�n de convencer. Esto se basa solo en vencer pero sin poder para conseguir ninguna victoria en el mundo real. El wokismo es un tono, no es una idea;es una forma, no un fondo; es la idea que no hay fondo, sino solo forma. Es un discurso de izquierda que se ajusta a pr�cticas de vida neoliberales. Un discurso que se presenta siempre como v�ctima de alg�n colectivo o conspiraci�n que ha sido adoptado sin dificultad por la nueva derecha porque est� en su ADN tambi�n. Es cosa de ver la cantidad de antifas que fueron antes neonazis y neonazis que se convierten en antifas. El feminismo nuevo, el ecologismo radical o el antirracismo nuevo que define lo woke no es ninguna novedad ideol�gica. No hay un solo autor, aparte de Judith Butler -aunque ella empez� en los 80-, que aporte una idea nueva; la novedad est� en su forma de comportamiento y en su sentimiento de nula responsabilidad. Nicanor Parra llamaba a vivir la contradicci�n sin conflicto; creo que el esp�ritu de la �poca quiere vivir el conflicto sin contradicci�n.La idea del apocalipsis, de un shock civilizatorio, debido a factores como el cambio clim�tico, la IA o la sobre poblaci�n est� de nuevo presente en el discurso pol�tico y cultural.El fin del mundo quiz� solo es siete d�as m�s joven que su creaci�n. El G�nesis es una sucesi�n de momentos en que Jehov� est� a punto de acabar con la humanidad y se arrepiente a �ltimo minuto de hacerlo. Por eso yo soy un apocal�ptico integrado. Cada vez que surge una nueva tecnolog�a pienso en ella intelectualmente como infernal y estoy de acuerdo con sus cr�ticos m�s radicales, aunque la uso con asiduidad de tal forma que no puedo ya vivir sin ella. Me pas� con Twitter y me pasa ahora con la IA. Siento que los monstruos que estas tecnolog�as crean son previos a la tecnolog�a misma. Para hacer un juego de palabra griego, lo peligroso no es la tecnolog�a, sino la logotecnia que la engendra. Por ejemplo, el asamble�smo que fue siempre una tara de la izquierda antes duraba un d�a, ahora es constante y sin fin porque es parte de lo que las redes sociales necesitan. Los chalecos amarillos y el estallido social no habr�an llegado a ser lo que fueron si no fuesen de alguna manera un app m�s del tel�fono m�vil. �El agente provocador�, tan da�ino en toda revoluci�n, que antes era detectable , ahora somos todos y cualquiera. Hemos acabado democratizando todo menos la econom�a. Las distintas �lites se han reducido a uno sola: la econ�mica. La lucha de clases no se ha abolido, se ha simplificado, ya no hay burgueses, arist�cratas, proletarios y l�mpen proletario sino usuarios y due�os. Pero por otro lado yo, que me cri� durante la Guerra Fr�a. Viv� el miedo de que alguien apretara el bot�n nuclear; la pregunta que deber�amos habernos hecho es por qu� nadie, ni en Rusia ni en EEUU, apret� ese bot�n 30 a�os seguidos. Esa pulsi�n que hace que no apretemos el bot�n nuclear -o que, al final, la oveja Dolly no fuera clonada por miles- me resulta m�s interesante que la del Apocalipsis. Eso pasa con la inteligencia artificial: cuando llegue a superarnos y convertirnos en sus esclavos seguramente se impondr� esa energ�a que nos lleva a evitar la destrucci�n total.Usted public� en 2018 un libro sobre el hecho de ser cat�lico.Escrib� el libro en la �poca en que el catolicismo hab�a perdido todo el fuelle, m�s a�n en Chile por los casos de abusos sexuales en los colegios y conventos que fueron particularmente feroces. Me adelant� a un renacer del catolicismo romano que ve�a imposible que, tarde o temprano, no sucediera, porque el cristianismo es una pauta moral y de comprensi�n del mundo, una filosof�a inseparable de Occidente e inseparable de la forma en que la izquierda piensa el mundo. No puedo concebir una izquierda desconectada de la idea central del cristianismo de que los pobres, los oprimidos, son los elegidos y que a ellos hay que darles atenci�n preferente. Eso es particularmente fuerte en el catolicismo romano.Naci� en Santiago (Chile) en 1970. Escritor y periodista, colabora con diferentes medios internacionales como Letras Libres y The New York Times. De su obra literaria, destacan Memorias prematuras (1999), �Por qu� soy cat�lico? (2019), Comedia nupcial (2002), Los parientes pobres (2024).







